Guia de seducción (II)

>>  lunes, 31 de agosto de 2009



De la seducción al sexo:

Este punto exige ser bastante cuidadoso. Un paso en falso, y, aunque la seducción haya sido buena, es posible que ella cambie de opinión y prefiera ver una peli subtitulada y en sueco en lugar de tener sexo contigo. Los hombres no cambian de opinión en este punto, cosa que comprendo bastante bien ;-)

A ver, nos quedamos en que él/ella respondía bastante bien a los avances, sostenía la mirada y ha acudido a la segunda o n-ésima cita (demos un voto de confianza a las n-ésimas citas, ya que lo dicen los fantasmas).
Esa cita ha sido para cenar o para ver una peli, se ha hecho tarde o ya era tarde cuando se quedó.

Aquí recomiendo:

- Humor. El humor es una buena manera de romper el hielo. Todas las personas se sienten un poco fuera de lugar la primera vez que tienen sexo con alguien. Hacer alguna broma absurda del tipo “tienes una miguita de pan en el labio, te la voy a quitar”, y quitársela de forma suave con un dedo o con los labios, a pesar de saber, ambos, que no han comido pan y que era imposible, provocará una sonrisa y que el momento del acercamiento sea más placentero. Cómo conseguir este clima queda a vuestra imaginación.

- Juego de manos. Lo que es hacer manitas de toda la vida. Es una buena forma de iniciar el acercamiento sexual. Puedes ofrecerte a leerle las rayas de la mano aunque no tengas ni idea, y, de paso, decirle que te lo estás inventado todo para tocarl@. Le hará sonreir y habrás conseguido lo que buscabas. Una vez cojas su mano, te aconsejo que no la dejes ir. Aprovecha para acariciarla, como preludio de lo que pasará después. Mientras, puedes seguir hablando de algo que os apetezca a los dos. Aunque no tenga relación con tu acercamiento. No te preocupes. El mensaje le estará llegando correctamente (insisto en que no es buen momento para contarle lo del master, algo más relajado, por favor). Si estáis solos, sube la caricia por la parte interna de los brazos y aproxímate.

- El primer beso. Hay varias formas de llegar al primer beso. Yo suelo preferir la directa. Es una pequeña concesión a mi carácter. “Me moría de ganas de hacer esto”, por ejemplo. Debes estar ya muy cerca cuando l@ beses. Tienes que estar segur@ de que lo desea. El primer beso, o se hace bien, o se rompe todo, por muy bien que haya ido la seducción. Funciona mejor un ligero roce. A no ser que la otra persona sea la que demande más.

- A más. Ha llegado el momento. Yo, suelo ser clara, otra pequeña concesión a mi carácter. Prefiero un “ven”. Otras personas prefieren no decir nada y dejarlo como sobreentendido. Pero, es que los sobreentendidos no se suelen entender muy bien.

Consejo super importante: En todo este rito del cortejo, en el que se debe haber hablado lo suficiente, deben haber quedado claras las preferencias sexuales básicas de la otra persona. A ver, cada persona es diferente. Lo que excita a unas a otras las deja frías o les causa repulsión. Por experiencia, la persona hablará de forma más distendida de lo que le gusta durante el rito de seducción que en el mismo sexo. O sea, que si esa persona siente repulsión por el sexo oral (lo siento de veras), a estas alturas, ya deberías saberlo, y respetarlo, porque el respeto es básico para el disfrute en el sexo.

Notas:

Nota 1: A las mujeres les encanta que las desnuden poco a poco y acariciándolas y besándolas mientras. Porqué? Ni idea. A mí eso en especial me da bastante pereza. Pero, mira, alguna concesión había que hacer ;-)

Nota2: A partir de este punto, os remito a la entrada Cómo satisfacer a una mujer, si vuestro amante es mujer, o, al magnífico post de bodydulce: El arte de la felación1, en el otro caso.

Una petición a todas las mujeres del mundo: Sé que algunas me odiaréis por lo que voy a decir, pero, chicas, tumbarse y ya está no es tener sexo.


Besos, queridos fantasmas.

PD: Otro día haré un post sobre el grado advanced :-P

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Guia de seducción (I)

>>  domingo, 30 de agosto de 2009



Lo prometido es deuda, queridos fantasmas.
Antes de nada, avisar de que a esta guía le falta una pieza. Salvo algunos consejos generales, no trata el ligue homosexual. Lo siento. Es, más que nada, porque sigo el sano consejo de hablar de lo que se.

Allá vamos.


El pre:

Tanto si eres hombre como mujer, es aconsejable:

- Ir aseado y resaltar el atractivo natural de cada uno.
Eso significa:
Si eres hombre, aféitate. La barba de tres días le queda bien a Beckam. A las mujeres nos pincha. Si estás algo llenito o muy flaco, pasa de camisetas ajustadas, mejor deja la sorpresa para más adelante.
Si eres mujer: No te pintes como una puerta, salvo para una sesión de fotos, no tiene otra utilidad. Un buen escote es infalible. Si tienes un culo atractivo, resáltalo. Si son las piernas tu fuerte, enséñalas, pero sin pasarse. Deja algo para después.
Para ambos: Cuidado con la moda. Ni ropa de hace diez años ni la última tendencia (por ejemplo los pantalones cagaos).

- Actitud.
El ligue es sobretodo actitud. No liga más el más guapo/la más guapa. El físico es nuestra tarjeta de presentación, por tanto, es imprescindible que resulte atractivo, pero, lo más importante es cómo se lo hagas llegar al otro. Si tú te sientes atractiv@, la otra persona lo sentirá. Se trata de hacérselo saber sin decírselo.
Por ejemplo: Movimientos sugerentes que muestre la mejor parte de ti. Miradas cargadas de significado. Cuidado con pasarse. La vulgaridad repele.

- Si estás en un lugar público y ves a alguien que te gusta.
Si está en un grupo de amigos, tanto si es mujer como si es hombre, lo tienes algo más difícil. Las personas suelen tener una actitud bastante distinta en público de la que tienen en privado. Es posible que le gustes, pero que prefiera hacerse la dura/el duro por lo que piensen los amigos (he visto esta actitud en gente de lo más talludita, suele esconder el miedo al rechazo). Así, lo mejor es separarl@ del grupo. Cómo se le separa? Se habla unos minutos con él/ella y se le propone: ir a bailar, a la barra a tomar algo, a dar un paseo,… echadle imaginación.

- Si quedas por internet. Imprescindible, si pretendes ligarte a esa persona, quedar solos. Si quedáis con más gente, será bastante más difícil.

Un detalle a tener en cuenta de forma general: La relación que se establece entre las personas queda fijada al poco de conocerse. Y suele ser inamovible. Así, que no esperéis ser su amig@ y después algo más. Suele ser tiempo perdido.

Al tema:

- La mirada: La mirada habla de nosotros. Lo primero es establecer contacto visual con la otra persona. Mirarle y comprobar que nos devuelve la mirada. También es posible que sea tímid@. Pero entonces notaréis que se pone nervios@. Si lo que se pone es chul@, pasad, tiempo perdido.

- El acercamiento. Habladle. Escuchadle. Sobretodo si es una mujer. A las mujeres nos suele gustar mucho que nos escuchen. Provocad un contacto físico. Es más sencillo el acercamiento cuando se queda de noche, en lugar público y con mucha gente, porque, o te acercas o no te enteras de nada, pero no es imprescindible. Suele ser apuesta segura comentar algo acerca de su atuendo o complementos mientras tocas lo aludido de forma sutil. Sutil y experta, porque lo que pretendes es acariciar a la persona.

- Señales: Es importante leer su cuerpo. Si la persona mantiene la mirada. Si como consecuencia de un roce se acerca o se aleja. Si devuelve el roce, vamos bien.

- De qué hablar: Se puede empezar con una conversación intrascendente. Pero poco. No es aconsejable contarle el master que estamos haciendo en macroeconomía y pintarle las gráficas, a no ser que sea economista, le ponga, y te pida que se las pintes en el culo. Lo mejor es tocar temas personales, como qué le gusta hacer en su tiempo libre y buscar temas comunes. Cuando haya avanzado la conversación, preguntar qué busca en una persona y procurar adaptarse a lo que pida. Con sinceridad. La mentira no es nada atractiva.

- Ritmo: Cada persona tiene su ritmo. Que una persona se vaya o no a la cama la primera vez que os veis no depende de que seas o no un buen seductor / seductora, sino de su propio modus operandi.

- Básico: Dejar clara tu posición. Si piensas que esa persona te ha respondido pero necesita algo de tiempo, dale el teléfono, déjale claro que te gusta (esto, al gusto, puede ser mediante una insinuación, puede ser claramente, puede ser con un beso…) y emplaza una nueva cita. No dejes nada al azar ni al ya te llamaré. Habrás perdido el tiempo. La próxima cita, que sea en un lugar más íntimo.

- Roles: En toda relación entre personas se establecen roles de comportamiento. En el ligue, aunque la seducción es mutua, una de las personas toma el rol de seductor y otra de seducido. Si prefieres ser el seducido, la forma de operar es similar, salvo que dejas la decisión de tomar las iniciativas a la otra persona. Esta forma de seducción da peores resultados y hay que ser muy experto para saberlo hacer bien. Si eres hombre, olvídalo. Las mujeres están acostumbradas a que las seduzcan.

Regla de oro: Si una persona no ha tenido sexo contigo como máximo la tercera o, si me apuras, la cuarta vez que os veis, eso no pasará. O está jugando o no lo tiene claro (suele pasar con las mujeres). Déjalo, es lo más sensato.





Muchos besos, queridos fantasmas.

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Chiquitín



- Nunca me lo he hecho con una mujer.
- Yo a tu edad tampoco, chiquitín.
- Es que, verás, yo soy maricón, lo tengo claro, pero, me gustaría satisfacer esta curiosidad que tengo.
- Pues nada, nene. Uno de estos días, en la facu, le pides el favor a una amiga, que andan muy sueltas las niñas de hoy en día, y te quitas la espina.
- Tú tienes mejor polvo que todas esas niñas.
- Muy clarividente te veo esta noche. A ver si alguna de aquel grupillo llega a la misma conclusión y me propone algo.
- Además, tú tienes experiencia con hombres, no?
- Chiquitín, eres un cielo, en serio, pero yo, en la cama, me meto para disfrutar, y no te quito la razón, tú te ibas a llevar un buen polvo, pero yo, a estas alturas, virgen nada más me gusta el aceite. Está además el detalle sin importancia de que yo soy les y tú un tío, claro.
- Y si te lo pide Dexter?
- A ver, chiquitín, que seas el amante de mi mejor amigo no te da derecho a follarme. Si acaso a pedirlo.
- Pues me pones.
- A mí tú me das mucha ternura. Es que eres un cielo.
- Puedo cogerte el culo?
- Puedes, puedes.


Besos, queridos fantasmas.


Nota: No me olvido de la guía de ligue. Le estoy dando forma. Otro día os la paso.

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El gran dilema del armario

>>  sábado, 29 de agosto de 2009




- Qué me pongo?
- No sé cielo, si cualquier cosa te queda bien.
- Pero, qué va a llevar la gente?
- Es una cena informal.
- Y qué significa una cena informal?
- Mira, yo voy a ir de vaqueros.
- Es que yo no quiero ir de vaqueros.
- El conjunto verde te queda muy bien, cariño.
- Me queda pequeño. No me lo puedo poner. Qué pasa, no te habías fijado en que he engordado?
- Cariño, a mí me gustas tú, como sea que estés.
- Es que no me miras.
- (suspiro de resignación) A ver, prueba con el conjunto ese de tonos tierra que te pusiste el otro día.
- No puede ser, porque fuimos con la misma gente, y no puedo repetir.
- Y ese vestido negro de verano con el que estás tan guapa?
- Cuál te gusta más el negro o el estampado?
- No sabría elegir.
- Pues alguno te tiene que gustar más, o es que te da lo mismo lo que me ponga?
- El negro, cariño, el negro.
- La última vez que salimos te hice esa misma pregunta y me dijiste que el estampado. No te tomas en serio lo que te digo. No me tomas en serio. Y yo… yo no sé qué ponermeeeee.



Justo en estos momentos, es en los que me planteo seriamente un cambio de acera. O meterme a monje budista. Claro que... si me metiera a monje budista tendría que hacerme homosexual. Los monjes tienen sexo?. Uf, que mañana más dura de planteamientos llevo.

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Mis primeros pasos (II)

>>  jueves, 27 de agosto de 2009





Visto que, aparte de una ostia, poco más podía sacar de la Hulk, nos fuimos a un after.
- Carmela, cielo, son las 5, me caigo de sueño.
- Pues haces mal, tú esta noche no has venido a dormir.
- Nena, tú seguridad me asusta mucho.
- A ver, a lo nuestro, qué piensas de lo que tienes por delante?
- Que acaba de entrar una chica preciosa.
Sí, era preciosa. Se llamaba maría.
- Vosotras dos, esta vez, haced el favor de poneros a una distancia prudencial, que aún intento recuperar la respiración por lo de la Hulk.
- Sólo si sigues mis instrucciones.
- Cómo me darás tus instrucciones?
- Pues verás, ella estará mirándote a ti, y, nosotras, rocío y yo, detrás de ella, a unos pasos, charlando tranquilamente. Tienes que hacer con ella lo que yo haga con rocío. Si no me haces caso, nos acercamos y le metemos mano.
- Tú estas segura de que esto es un favor?
- Confía en mí.
Carmela, mientras hablaba con rocío, acercó tímidamente la mano a su cintura y me miró con mirada asesina. Hice lo propio. Bien, no me rechazó.
Carmela se acercó al oído de rocío a decirle algo. Me volvió a mirar con mirada asesina. Vale, que yo no sabía que eso era también por la estrategia. Vale, me acerqué a su cuello y le dije algo al oído. Se estremeció. Me pareció que eso era buena señal. Le guiñe a carmela.
Carmela cogió de la mano a rocío. Yo le dije con la mirada a carmela que no. Carmela y rocío se acercaron.
- Hola chicas.
- Hola, respondió ella.
Yo no hablaba, yo pensaba en cómo se puede matar a dos amigas y no dejar huellas.
- Veo que ya conoces a nuestra candela.
- Sí, es muy guapa, dijo ella.
- Tú si que lo eres (ahí estuve fina).
- Bueno, pues nos vamos a la barra a tomar algo, ahora nos vemos.
Esto último fue una amenaza. Vale, carmela. La tomé de la mano. Ella me respondió.
Una vez acojonada yo, no me atreví contradecir a carmela, me pidiera lo que me pidiera.
Carmela acarició la espalda de rocío. Yo acaricié la espalda de maría.
Carmela se llevó de la mano a rocío a bailar. Yo, me llevé a maría.
Bailando, a unos pasos de mí, carmela tocaba a rocío. La acariciaba. Parecían roces casuales. Yo, sabía que no lo eran. Yo, y maría, que era un reflejo fiel de rocío.
- María dice que se viene para casa.
- Que te va a que te la quito en un par de minutos.
- Tú no harías eso porque eres mi amiga.
Me hizo una pedorreta. Por suerte, sólo era una broma. O no?
- Pues eso, chicas, que nos vamos. Ya os veo mañana. Besos.
- Hasta mañana cariño. Nos ibas a invitar a merendar, no?

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Mis primeros pasos (I)




El ligar es un arte.
Yo, a pesar de no tener inhibiciones, ni tabúes, ni verguenzas, y tener un cierto atractivo físico, pues, de ligar, no tenía la más remota idea. Además, con la sinceridad que me caracterizaba (y sigue caracterizando), era capaz de ir directamente a la chica que me gustaba y decirle: me gustas, te vienes a casa? No, nena, no son formas, me aclaró mi carmela.
- Hoy tú mojas.
- Pues, como no moje contigo…
- Que hablo en serio.
- Y yo, cariño, y yo.
De esto hace ya unos 6 años. Esa noche, salimos de marcha, mi carmela, rocío y yo. Rocío iba como apoyo logístico, porque, ambas, habían llegado a la conclusión de que yo ligaba esta noche.
- Si te hace falta.
- Sí, y yo estoy de acuerdo contigo, pero no tengo ni la más remota idea de cómo se hace. Hasta ahora, me han ligado.
- Pues mal hecho, eso es de las cosas más importantes de la vida.
Entramos en el primer pub.
- Cómo ves al ganao?
- Pues, hay alguna que no está mal.
- A ver si te me vas a poner tiquis miquis, mira que estamos hablando del rollo de una noche.
- Joder, vale. Aquella que tenemos enfrente. Qué te parece a ti?
- No está mal, ve a decirle algo.
Como la inepta total que era, fui, y le dije algo.
- Qué le has dicho?
- Le he preguntado cómo se llama.
- El colmo de la originalidad.
- Y qué quieres?, no me has dicho qué tenía que decir.
- Esto va a costar. Que sepas que ni rocío ni yo nos separaremos de ti un palmo esta noche hasta que no te lleves a una tía a la cama.
- Y qué he hecho yo para merecer ese “favor”?
- Es que te queremos, cielo.
- Joderrrrr.
Ella se llamaba susana. Aunque nosotras la llamamos Hulk. Era culturista. Muy culturista. De mi altura, pero tenía unos hombros que me ocupaban todo el campo visual. No estaba mal, pero daba un poco de miedito.
- Carmela, por el amor de dios, no le metas mano a la Hulk mientras hablo con ella que me va a hacer una desgraciá.
- Cielo, el ligar conlleva acercamiento físico.
- Sí, si de eso mismo te hablaba yo.
Carmela quedaba a mi izquierda, rocío, a mi derecha. Ambas estaban de espaldas a nosotras, y aquello estaba lleno de gente. Así, Hulk, no sabía que eran las manos de ambas las que andaban por su anatomía. Pensaba, en su sana inocencia, que eran las mías.
- Tiene un buen culo Hulk.
- Carmela, quitale las manos del culo que me va a matar.
- Pues le debes gustar, porque rocío le acaba de rozar el coño y ni se ha inmutado.
- Y porqué no vais a echar un polvo con alguien o algo?
- Nos lo agradecerás, cariño, ya verás.
Por otro lado, mis avances en la charla con Hulk no estaban dando mucho resultado.
- Qué te dice la Hulk?
- Es pelín lerda, pero.., vale, vale, no me pondré melindrosa.
- Eso.
- Dice que busca el amor de su vida.
- Coño, y tiene que buscarlo esta noche?
- Ya, si yo le he hablado de destino y todo ya.
- Y ella que ha dicho?
- Que sí, que ella eso del destino lo ha visto mucho en las pelis de amor. Y, también en las de Van Dam, que son las otras que ve.
- Anda que has tenido un ojo tu…

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Dormida

>>  miércoles, 26 de agosto de 2009




Hoy soñe que venías.
Era un sueño como todos. Una noche como todas. Eras tú la que lo hacías diferente. Tú.
Nos escondimos y yo te besaba. No sé porqué nos escondimos en el sueño. Tampoco me importó. Tú, eras mi regalo.
Aún tengo marcadas las sábanas en mi rostro, aún me marca tu sabor en mi boca.
Tú te arqueaste. Quedaste sobre mis brazos como dormida. Yo te miré. Te abrí la camisa, que olía a ti, como mi sueño, como, algunos días, huelen los retazos de mi vida que elijo yo.
Te besé tu pecho, que sabía a sueño. Tú ronroneabas. Yo luchaba por vencer mi sueño. Ese, que me había llevado a ti, ese, que podía separarte. Separarnos.
Hundí mi cabeza en tu vientre. Me gusta que me acaricies el pelo mientras yo me quedo dormida sobre ti. Me gusta la inminencia de tu sexo, tan cerca y tan lejos, y el sabor de tu piel.
Creo que me dormí dentro de mi sueño. Que me dormí sobre ti.
Al abrir los ojos, una pequeña lágrima corría por mi rostro. La probé. Sabía a ti.

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Vuelve

>>  lunes, 24 de agosto de 2009


Eras la mujer más bonita que había visto.
Pelo muy corto. Morena. De inmensos ojos almendrados. Llevabas unos vaqueros que marcaban cada una de tus curvas. Una camisa anudada bajo tu pecho. Tenías calor. Aún antes de verme. Sobre tu vientre terso, las gotas de sudor resbalaban marcando el camino que seguían mis ojos. Y mi deseo.
Me miraste provocadora. El local estaba lleno de gente. Tú pasabas por mi lado, con ella, que debía ser tu pareja, de la mano. En primer lugar pasó ella. Tú te demoraste apenas unos segundos. Me clavaste la mirada. Entreabriste tus labios.
A mí me recorrió un escalofrío. Acerqué mi mano a la tuya. A la que quedaba libre. Te acaricié apenas un segundo. Tú agarraste mi mano. Tiraste de mi brazo. Aprovechaste el tumulto. Ella no te veía. Había demasiada gente. Te acercaste a mi oído. Ahora vuelvo, dijiste. Ven, respondí yo.
Yo te seguí con la mirada. La mirada de tu pareja estaba clavada en mí. Te dijo algo al oído. Le respondiste algo que no pude oir. Ella retiró su mirada de mí con desconfianza. Tú me giñaste un ojo. Ahora, pude leer en tus hermosos labios.
Yo bailaba dejándome llevar por la música. No te veía. Vendrá, pensaba, vendrá, sentía.
Yo tenía los ojos cerrados. Tu culo se pegó al mío como una segunda piel. Estabas detrás. Supe que eras tú. Ahora, habías dicho.
Tu pareja estaba delante tuya. Tu pareja y tú os besábais. Ella no dejaba espacio entre ambas. Quizás te conocía demasiado. O demasiado poco.
Tú bailabas con ella. Había demasiada gente. Ella se dio la vuelta. Ahora, me quedaba de espaldas, justo delante tuya. No podía verme. Yo me acerqué a tu cuello. Te mordí. Tú, te estremeciste. Pegué mi cuerpo al tuyo, y sentí cada uno de tus temblores. Me separé para verte mejor. Tú, buscaste mi cuerpo, a la vez que tocabas el de ella.
No sé si ella lo supo. No sé si ella te conocía demasiado, o demasiado poco. Ella te agarró de la mano y te llevó.
Vuelve, pedí con un susurro. Volveré.

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El dedo de dios

>>  domingo, 23 de agosto de 2009


- Esa raya en el cielo, la hizo el dedo de dios.
- Tú cómo lo sabes?
- Porque lo he visto.
- Y porqué nunca lo veo yo?
- Porque dios no quiere que le veas tú.
Ángeles miró al cielo, intentando encontrar el dedo de dios. Mencía, le sonreía de medio lado, como siempre que le demostraba que a ella no la quería dios.
- Qué crees que debería hacer para ver a dios como tú?
- Quizás un sacrificio.
- Y eso qué es?
- Eso es darle a dios algo que tú quieras mucho.
- Como qué?
Mencía miraba al bebé que tenía delante. Era regordete. Bastante fastidiosa. Desde que nació el bebé Ángeles apenas salía a jugar. Le gustaba hacer de mamá. Mencía pasaba muchas tardes sola, con las muñecas. A ella no le gustaba estar sola.
- Pero yo no sé dónde está dios.
- En todas partes, no oíste al cura?
Ángela, quería ver a dios. El mes pasado se cayó un hombre al tajo. Ahora, está con dios, dijo su madre. Sí, quizás allí estuviera dios.

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Algunas palabras (II)

>>  sábado, 22 de agosto de 2009


Yo era una mosca de cuatro patas
movía los bigotes,
movía las alas,
al volar, normalmente
cabeceaba
giraba el abdomen,
subía, subía,
cuando estaba arriba,
siempre bajaba.

Trasnochaba mucho,
me iba de marcha,
temblaba, reía,
y a veces soñaba
jugaba a vivir con ganas prestadas
y en las mañanas de mucha resaca,
remoloneaba.

Volaba, volaba, volaba, volaba.

Patas arriba, tumbada, parada,
sobre una mesa de cuatro patas
me despedí de todos,
me despedí de nada.

Total,
si sólo era mosca,
mosca pesada.


Besos, queridos fantasmas.

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Algunas palabras (I)


Cada vez que el amor entra en tu vida
se viste de blanco,
como una novia
se hace de nuevas,
como un niño.

Sonríe,
como si la sonrisa
la hubiera inventado en ese momento,
sólo para ti.

Llora,
como si el llanto
hubiera nacido a la vez
que la primera vez que ese amor recien nacido
te encoge el corazón.

Juega,
inventando palabras nuevas,
inventando caricias nuevas,
inventando para ti.

Cada vez que el amor nace,
solo para ti,
se estremece algo,
muy, muy grande,
a la vez
muy, muy pequeño
en el mismo lugar
donde nacen los sueños.



Nota: Vuestros deseos, son órdenes, queridos fantasmas. Besos, Moira.

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Soledad

>>  viernes, 21 de agosto de 2009


No me pasa nada, salvo que la vida se me hizo grande, y no alcanzo a mirarla a la cara. Ni al culo.
Podría decir que es él el que hizo que me pasase esto que no me pasa. Pero sería una excusa fácil. Porque yo sé que sólo soy yo la que me hace esto que no me pasa, pero que duele tanto.
Me drogo para olvidar lo que no me pasa, y vomito la vida que se me queda atragantada como si la engullera a grandes trozos mientras miro con ojos de estar en otra parte, en otra parte distinta de mí.
Me hablan como se habla al eco, sin esperar respuesta, porque hablarme es monólogo de silencios, porque, a mí, las palabras, me nacen muertas.
A veces, me río con la risa prestada, porque no recuerdo cómo sonaba la mía, antes, antes de saber que el calendario no pone número a los días, sino a las noches.
A las noches sin ti.

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Trocitos de vida

>>  miércoles, 19 de agosto de 2009


Tenía todas las edades y ninguna.
Creo que por eso gustaba tanto. Por eso y por ella.

Todas las historias y ninguna. Todas las voces y ninguna.

Cercana e infranqueable. Tierna y fría al tiempo.
Te traía el mundo y se llevaba el tuyo.

Todos se acercaban a ella. Se alejaban de sí mismos. Porque su presencia te hacía menos tú, y más algo distinto, algo parecido a aquel que te hubiera gustado ser.

- Qué me recomiendas hoy? Esa trilogía que has traído, me gustará? Y algo fresco, para el verano?

Ella sonreía con la sonrisa de nadie, regalándole, a cada cuál, su trocito de vida.

Nota: Joseba, aquí tienes tu corto. Besos, queridos fantasmas.

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La pasión


- El recuento de leucocitos es normal, estas curado.
El funcionario sonrió porque el médico esperaba que sonriera. El funcionario dio las gracias porque el médico esperaba que las diera. El funcionario se levantó y salió de la consulta, porque, eso tambien, era lo que se esperaba de él.

- Ley de prevención de riesgos laborales. Te suena de algo? A que no? Ya vale con eso de trabajar sin red. Nos puede caer un paquete. A partir de mañana, red, te guste o no.
El equilibrista no discutió, porque no habría servido de nada. El equilibrista no dio las gracias, porque no había nada para agradecer. El equilibrista se levantó y salió del despacho de su jefe, porque ya había oído lo que había venido a oir.

No se valora algo hasta que se pierde. El funcionario llevaba un año perdiendo cosas. El último beso. La última juerga con un amigo. El último regalo de su madre. La última puta.

No se valora algo si no es único. El equilibrista coleccionaba momentos. Un beso, porque sabía que podía ser el último. Una juerga, porque sabía que no existe mañana. Un regalo, porque la vida, cada momento de ella, es un regalo. Una noche de pasión, porque su vida, toda ella, era pasión.

El funcionario y el equilibrista, pensaron que, la vida que se abría ante ellos era demasiado anodina para ser vivida.
Por eso decidieron, ambos, vivir su último momento de pasión. Su despedida.

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Cómo satisfacer a una mujer

>>  martes, 18 de agosto de 2009

Quién dijo que las mujeres vienen sin libro de instrucciones? Ahí lo lleváis (por supuesto, queridos fantasmas, no es más que una guía genérica y muy personal, y, por tanto, imperfecta, la perfección está en vosotros).

Es importante entender el sexo como un juego en el que interviene todo el cuerpo. Hay que prestarle atención a todo él. Acariciarlo, morderlo, chuparlo, arañarlo, es cuestión de gustos.

Zonas erógenas? Prestad especial atención a: pies, cara interna de las rodillas, culo, axilas, cara interna de los codos, manos y, un clásico, orejas y cuello.

Besos: Suaves, al principio. No se trata de hacer una traqueotomía con la lengua. Besos suaves en los labios, pequeños mordiscos, caricias en la lengua, y, el ritmo, ya lo marcará el momento.

Cuninlingus, ese gran desconocido. El clítoris de la mujer es la zona más sensible del cuerpo. No es más que un pequeño pene con un pequeño prepucio que lo protege. La parte que se ve, el glande, es el clítoris propiamente dicho. En la mayoría de los casos no llega al medio centímetro. El resto, queda escondido dentro de la vulva. Es agradable masajear el clítoris de abajo a arriba. Como se haría con un pene. Coger con dos dedos la parte escondida, un hacer un movimiento de abajo a arriba. A la vez, acariciar con la lengua la parte que sobresale.
Para tener mejor acceso al clítoris, ya que, la mayoría de las mujeres tienen muy poca superficie al descubierto, es aconsejable coger los labios mayores desde arriba, separándolos, y estirarlos un poco, siguiendo la curva del monte de venus.
La forma en la que le gusta a cada mujer que le besen el clítoris es distinta. Hay mujeres que no soportan el contacto directo, lo tienen demasiado sensible. En este caso, conviene besarlo sin quitarle el capuchón. Poco a poco irá excitándose lo suficiente e incluso saldrá por sí mismo.
Otras mujeres prefieren que lo besen por la parte de arriba, justo por el lugar donde el clítoris se une al prepucio. Otras, por la de abajo.
El clítoris, cuando una mujer está excitada, duplica su tamaño.
El ritmo, como en todo, cada cuál tiene sus gustos. Lo normal es más lento al principio. Haciendo circulos con la lengua. Usando cambios de ritmo. Sorbiendo. Pequeños mordiscos (con los labios, por favor). E ir incrementando el ritmo conforme se excita la mujer.
Además de besar el clítoris, a la mujer le gusta que le besen la entrada de la vagina, introduciendo la punta de la lengua en ella. El perineo, que es el trozo de piel que va desde la vagina al ano, y el ano, son dos zonas muy placenteras. Aunque, hay mujeres que tienen manías con estas zonas. Yo no besaría estas zonas la primera vez con una mujer.

El gran mito: El punto G. Queridos fantasmas, existe. No es más que las terminaciones nerviosas del cuerpo del clítoris que llegan a la parte superior de la vagina, como a unos 6 cm de la entrada. El sitio no es exacto. Cada mujer tiene su morfología. Y, algunas, eso dicen los médicos, no poseen este punto. No es cuestión de contradecir a los galenos, pero, será por afición afición, yo siempre lo he encontrado.
La forma de estimular el punto G es, o bien con los dedos o bien con un dildo. Lo siento, chicos, el pene no tiene la forma adecuada para hacerlo. Si se estimulase con el pene, como estaría bastante forzada la situación, al moverse la mujer, ups, terminaría doblándose el pene.
Así que, lo mejor es usar los dedos (uno o dos), de forma que la yema quede tocando la parte delantera de la vagina, en el nacimiento del clítoris. Una vez localizado, masajearlo. De arriba abajo, en circulos, siguiendo la cadencia que os indique ella. Personalmente, prefiero los dedos a un dildo, porque controlo mejor lo que hago.

Masturbación manual. Hay algo que no falla. Pídele a ella que lo haga mientras tú la miras. Es un juego erótico de lo más estimulante para ambos, y es, la única manera, de saber cómo le gusta e ir sobre seguro. No te aconsejo que le pidas esto la primera vez que tengáis sexo, porque necesita un cierto grado de confianza. Así, lo mejor es: separar los labios mayores y poner un par de dedos sobre el clítoris. Moverlos de arriba abajo y formando pequeños círculos. Procura estar seguro de que lo estás haciendo justo sobre el clítoris, si no, puede ser muy decepcionante. El ritmo, ya lo marcará ella. Pero, suele ser lento y suave al principio y más rápido y enérgico cerca del clímax.

La forma en la que cada mujer obtiene placer es tan diversa como las mujeres. A algunas no les gusta la penetración. A otras no les gusta que le toquen el clítoris. Otras prefieren disfrutar frotando su clítoris contra una pierna, el culo o el sexo de la otra persona.
Diversidad, todas somos diferentes.

Un detalle a tener en cuenta: No es la forma de disfrutar lo que define nuestra orientación sexual, sino el sexo de la persona deseada.


¿Qué pensáis de todo ello, queridos fantasmas?


Nota: Gracias, Thot, por tu flor.

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Sexo con mujeres VS Sexo con hombres

Dado que he jugado en los dos frentes, queridos fantasmas, me considero en la obligación moral de informaros de mis sesudas conclusiones:

El sexo con hombres: Los hombres entienden el sexo dividido en dos tiempos:
1.El tiempo de los preliminares. A ver si recitando la plantilla del Madrid en orden alfabético consigo aguantar un poco antes de.. Creo que voy a seguir por la del Barça. El Bilbao, ahora el Bilbao.
2.El tiempo de la penetración. Lo que viene siendo el sexo en sí mismo desde el punto de vista de un hombre. Que puede ir desde unos minutos hasta muchos. Eso depende de la habilidad del mozo. Y de la cantidad de alineaciones que se sepa.

El sexo con mujeres: No tiene tiempos. Al menos, no esos. El tiempo en el sexo con mujeres viene contado por el deseo que sientan esas mujeres, la una por la otra. Normalmente es alternante. Se suele tomar la iniciativa por turnos y el placer por turnos. También se hacen juegos en los que disfrutan ambas, aunque no se persiga como fin el orgasmo. Las mujeres, queridos fantasmas, somos multiorgásmicas (no he encontrado a ninguna que no lo sea). Eso significa que podemos tener sexo mientras queramos. El final de la relación lo marcará la necesidad de dormir, el estar saciada o el agotamiento físico.

Sí, hay hombres sensibles que tienen otra visión del sexo. Que le dan la importancia que merecen a los juegos sexuales. Pero, indudablemente, para ellos los juegos son un camino para alcanzar la penetración. Y con ello, el fin de la relación (no todos, no todos, como dice Jose Antonio "no solo de penetración vive el hombre" ;-) ).

O sea, que:
Chicos, aprended del sexo entre mujeres, vuestras mujeres os lo agradecerán.
Chicas, aunque seáis heteros, os recomiendo, al menos, una vez, tener sexo con una mujer. Os sorprenderá la ternura y la complicidad. Os gustará. Eso no os hará lesbianas, porque para ser lesbiana debe excitarte sexualmente una mujer, pero os mostrará partes de vosotras mismas que no habíais sospechado.

Muchos besos, queridos fantasmas.

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Juegos de niños

>>  lunes, 17 de agosto de 2009


Moda de la época, la mesa del comedor tenía un cobertor. Colores crudos, creo que eran flores. Mi abuela estaba sentada a la mesa. Comía unos pasteles. Mi abuela siempre comía pasteles.
Mis tías habían venido a vernos. Y mis primos.
- Prima, te enseño lo que tengo yo si me enseñas lo que tienes tú.
- Vale, pero tienen que venir tu hermana y los otros.
- Vale.
Éramos cinco los niños escondidos bajo la mesa del comedor.
Mi primo se bajó los pantalones.
- Y eso para qué sirve?
- Para apuntar con el pipí.
- Y si eso me parece aburrido?
- También hace muchas cosquillas si te lo tocas.
- Y si te lo toco yo también?
- Yo también tengo uno, dijo otro de los primos.
- Pues yo tengo un toto.
- A ver, es como el mío? Anda, si es igual.
- Pues a mi hermano mayor le han salido pelos.
- Pelos dónde?
- Aquí mismo.
- Tiene que estar muy feo.
- No sé, pero eso significa que ya es mayor.
- Así que los mayores lo tienen con pelos?
- Puag, qué asco (comentario generalizado).
Niños, qué andáis haciendo ahí debajo?
Hijas, sacad a los niños de ahí que andan jugando con sus cosas.
Niños, no sabéis que eso está mal? Ponéos los pantalones.
Niñas, las niñas buenas no se quitan nunca las bragas.
Anda, coméos la merienda.


Nota: Querida abuela, estarías orgullosa de mí. No me quito nunca las bragas (vale, vale, yo no uso bragas, pero no le vamos a quitar la ilusión a mi abuela, no?).

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La niña ana

>>  sábado, 15 de agosto de 2009


La niña ana no recuerda cuándo fue la primera vez que lo escuchó. Pero eso era porque, para los niños, el tiempo se cuenta de forma distinta, todos los ayeres son el mismo ayer, y todos los mañanas no existen hasta que se hacen hoy.

- Abre las piernas.
- No, por favor.
- Te digo que las abras.

La niña ana oyó un golpe seco. Y un llanto. El golpe, pensó, sería de la mano de su padre. Ya tenía muy conocido el sonido. El llanto, sería de su madre.

La niña ana oyó más llantos. A veces, un llanto pequeño, como el que le nacía a ella cuando se escondía de su padre. Otras veces, un llanto grande, como el que le nacía a su madre cada vez, después de cada golpe.

La niña ana no sabía porqué su padre quería que su madre abriera las piernas. Tampoco le parecía que fuera cuestión de discusión una simple postura. Pero, eso era porque la niña ana aún tenía mucho que aprender del mundo de los mayores. La niña ana pensaba que había muchas cosas que no deseaba aprender.

La niña ana oyó quejidos de su padre. A cada quejido de su padre, oía un llanto grande de su madre. La niña ana no sabía quién le hacía daño a quién. Pero, eso era porque nadie le había dicho aún que, todos, le hacían daño a ella.

A la niña ana le pareció que venía a su cama un hermoso ángel y le cerraba los ojos con una caricia, con la palma de su mano. Su ángel se acercaba a su oído y le decía que no tuviera miedo. Duerme, decía, pasará.

La niña ana se durmió esa noche acurrucada en las palabras de su ángel.



Todas las noches, la mujer ana, busca un ángel que le ayude a dormir.

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El principio de una gran amistad


Me fui a comer con los compañeros de trabajo. Entre ellos, Rafa, uno de los gestores de negocio de la multinacional donde trabajo. O sea, un jefe gordo. También por kilos, Rafa debe pesar unos 150.

Una foto: Yo, vestido de verano verde botella, entallado, sin ropa interior, y unos aguja negros que me encantan. Él, camisa de verano a rayas, y traje de chaqueta. Iban algunos compañeros más, pero esos no salen en la foto.

Apenas conocía a Rafa hasta ese día. Jefe con fama de ogro. Joven, pero ya sobradamente estresado.

Me dejé llevar a un bar donde no había ido nunca. Nada más entrar, me disculpo: voy al baño.

Hasta ahí, normal.

Andaba yo en el baño y en la inopia, porque yo no sabía que el baño era mixto, tampoco sabía que el pestillo no funcionaba y que había que usar el otro, y… entró Rafa.

Una foto: Una mujer de perfil, desnuda totalmente de cintura para abajo, subida a unos tacones de aguja exquisitos, y tocándose el sexo (totalmente depilado, por supuesto).

Rafa, muy caballero, me miró a los ojos (eso es autocontrol, chicos, yo no hubiera sido capaz si hubiera estado en su lugar), me pidió perdón y salió.

Yo, me quedé parada. Muerta de risa, sí, porque, digo yo, que eso nada más pasa en los sketchs y a mí. Claro, que, una tiene una mente práctica, y en segundos analicé la situación:

Solución primera: Bajarme el vestido, poner cara de aquí no ha pasado nada, y llevarme el secreto a la tumba.
Solución segunda: Bajarme el vestido, poner cara de esto nada más me pasa a mí, y disculparme por dejar la puerta abierta.

Cualquiera que fuera la elegida, estaba claro que, primero, me tenía que bajar el vestido.
Así que, procedí, y salí, a ver cómo lo había tomado Rafa, y así elegir solución.

Me sonrió cuando salí. Estaba en el baño esperando. Un tío maduro, cualquier otro se habría puesto rojo y habría vuelto a la mesa disimulando como si nada. Me decidí por la solución segunda. Le devolví la sonrisa y me fui a la mesa.

Cuando regresó del baño él, intercambiamos una mirada de complicidad. Sonreí de nuevo y me disculpé. Me dijo que no tenía importancia. Todos preguntaron qué pasó. Nada, un pequeño equívoco, dijo él. Sí, todo un caballero. Y un amigo, desde ese día.

Besos, queridos fantasmas.

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A quien conmigo va

>>  viernes, 14 de agosto de 2009


Esta entrada, mis queridos fantasmas, está dedicada a todos vosotros.

En dos semanas, exactamente el día 27 de agosto, este blog cumplirá 4 meses. En ese tiempo, según véis en el contador de visitas, son 8.000 los fantasmas que tuvieron a bien llegarse a vernos un rato.

Porqué se hace un blog? Yo no sé porqué lo hacen los demás. Yo sé porqué lo hice yo.

Lo hice porque tenía cosas que decir, y quería sentirme oída. Porque quería escucharos. Quería contaros historias, y haceros reir, y contaros mis cosas, y, también, tener un espacio para la ternura.

He conocido a algunos de vosotros. Algunos, se materializaron por mail. Algún otro quedó conmigo en persona. Buenas experiencias todas ellas.

Un fantasma me dijo que este blog conseguía que la gente abriera los ojos a la diversidad. Me parece un gran regalo. Me habéis dado mucho, mucho más de lo que esperaba encontrar.

Un gran beso a todos vosotros, queridos fantasmas.


Nota: Ahora mi blog permite que google busque los comentarios que dejéis. Quité los nofollows. Ahora, os verán más.

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Cuando soy mala....

>>  miércoles, 12 de agosto de 2009


- En tu casa entonces?
- Sí, claro.
- Y para qué habíamos quedado exactamente?
- Para un Cola Cao, no? No te hagas ilusiones, no eres mi tipo.

Carol se había quedado, exactamente, a 8 palabras de la tranquilidad.
Honestidad, bonita palabra. Soy una persona honesta. Me gusta que lo sean conmigo. Hubiera sido sencillo. “Mira, te follaría hasta hartarme, pero, me he echado novia y pretendo serle fiel. Si te viene bien, te pasas a verme, pero ya sabes lo que hay.” Tan sencillo. Además, Carol, ni siquiera me gustaba.

Esto se merece el disfraz de mujer fatal.
Negro, de la cabeza a los pies. Camisa y pantalón de raso, entallados. Tacón de aguja. Pendientes y collar a juego, también negros. Poco maquillada. El perfume, Armani.

Seis y media de la tarde. En su puerta.

- Hola, pasa.
- Hola. Tu perra me ladra como una loca.
- Tranquila, dama, cariño, si no es mi pareja ni me voy a acostar con ella ni nada.
- Demasiada información para una perra. Me tienes miedo?
- Yo?

Carol tembló por primera vez.

- Decías que venías del trabajo, no?
- Sí.
- Y así vas tú a trabajar?
- Si no te gusta, me lo quito todo. Qué te parece?

Carol tembló por segunda vez.

- Mucho calor, no?
- Sí, mucho. Oye, le pasa algo a mi camisa? No paras de mirarla.
- No, sólo es que me parece que vas muy escotada para ir a trabajar.
- Tienes fijación tú con mi trabajo. Dame la mano.
- Y qué piensas hacer con ella?
- Ponerla en mi escote, que tanto te llama la atención.
- Tu…. siempre has sido así?
- Así cómo?

Carol temblaba toda ella.

- Oye, una tarde genial, quedamos otro día, vale? Me acompañas a por el abrigo? No sé dónde lo dejé.
- Claro.

Entonces, me acerqué a ella. Contra la pared. Estábamos a escasos milímetros. Sé que olía mi perfume porque yo olía el suyo. Sé que sentía mis pezones erectos, porque yo sentí los suyos a través de mi fina camisa.
Con un solo dedo, le acaricié el contorno de la cara. Desde la sien hasta la barbilla.

- Mañana viene tu novia, no?
- Sí (apenas audible, apenas articulado).
- Que lo paséis bien.

Me acerqué más a su boca. Yo sentía su aliento. Ella sentía el mío. Esperé unos segundos. Ella esperaba un beso. Levanté mi barbilla, me acerqué más, la besé en la frente.

- Nos vemos, vale?
- Vale (menos audible aún).

Cerró la puerta de su casa.

Aún debe preguntarse qué pasó.

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Mi primera vez

>>  martes, 11 de agosto de 2009


La primera vez que estuve con una mujer fue por amor.
La primera vez que la vi desnuda, me pareció demasiado bonita para ser verdad.
Mantuve los ojos abiertos. Muy abiertos, de hecho. Casi sin pestañear, no fuera a hacerse humo y desapareciera de la misma maravillosa manera en que había aparecido.
Ella era castaña. Muy delgada. Los ojos verdes. El pelo trasquilado. Joven. Más que yo.
Tan inexperta como yo. Con tanto deseo como yo.
Me sorprendió la suavidad de su piel. Su olor. La forma en que se le erizaba el vello cuando yo la besaba. La forma en que respondía su cuerpo a mis caricias, yo, que sentía que nunca antes había acariciado.
Yo tenía miedo. La deseaba, pero no me sentía capaz de satisfacerla. No sabía cómo empezar. No puede ser tan dificil, sexo es sexo, no? Pero no conocía a otra mujer que no fuera yo, y mi experiencia con los hombres no me iba a servir de mucho.
Cómo deseará que la toque? Quizás le de vergüenza decírmelo. Y cómo lo pregunto para que no suene mal?
Sólo pude articular un inexperto: Qué quieres que te haga?
No lo sé, fue la respuesta de ella. Tampoco yo sabía.
Se metió rápidamente en la cama. Le daba vergüenza que la viera.
Nos besamos. Nos besamos con sed. Nos besamos con hambre. Nos besamos como si fuera la única vez. La primera vez. También nos besamos con miedo, porque no sabíamos cómo continuar. Qué va después? No sé, tendría que tocarla, no? Y qué pasaría cuando le tocase el sexo? Le gustaría? Me pediría que dejara de hacerlo?
Creo que nos tocamos todo el cuerpo, no por prolongar el placer, sino por miedo a enfrentarnos a nuestro propio deseo.
Ella era tímida, y no quería que le besara el sexo. A mí no había nada que me apeteciera más en el mundo. Bajé por su cuerpo mientras la acariciaba.
Ella temblaba de deseo, como yo. No, me dijo. Sí, por favor, le respondí yo.
Yo estaba delante de su sexo. Ella estaba totalmente depilada. Yo, lo miraba. La miraba a ella, a ella entera, que se cubría la cara azorada. Imploré: Por favor, déjame verte.
Se descubrió. La miré. Pensé que no era posible que ella saliera a la calle y que la gente no se diera cuenta de que era la persona más especial del mundo. La más hermosa.
Besé su sexo con curiosidad. Suave. Con una vida de atraso, sentí, porque no me pareció bien haber estado toda una vida lejos de ella. Intenté pensar en cómo me gustaba que me lo hicieran a mí. Aunque el deseo me nublaba la razón, y me dejaba guiar por sus gemidos, buscando el camino, su camino.
Puedo? Pregunté. Pregunté antes de tocarle la vagina. No sé. Pensé que me gustaría que me preguntasen si estuviera en su lugar. Aunque, quizás, no estuviera yo para preguntas caso de estar en su lugar. Por favor, fue su respuesta. Por favor.
Entonces le introduje un dedo. Me pareció un lugar cálido y conocido. Recién descubierto y que siempre estuvo conmigo. Me pareció acogedor y dulce. Y salado. Y mío.
La acaricié y la besé. Le hablé. La amé como a mí me habían amado, siguiendo el camino que marcaba mi deseo, y el suyo.
Se corrió. Bueno ;-) eso nunca lo sabré seguro, no? A mí me pareció lo más bonito que podía pasar. Mejor, incluso, que cuando ella me amó.

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El cornuo

>>  lunes, 10 de agosto de 2009



El cornudo había decidido no hacer caso.
- A vé si er cupones va a sé má hombre que tú, Martín.
Martín fingía no oir pero la sangre le embotaba la cabeza. Los oídos le silbaban y la saliva se le hacía dificil de tragar.
Hacía una semana justa, había vuelto a su casa, y la encontró vacía.
Ni Mariela ni las niñas.
Nunca pensó que Mariela se fuera. Y menos que se llevara a las niñas. Qué iba a pensar la gente. Pensarían que era un poca sangre. Un cabronazo.
- Tú eres pa mí. No te vayas a pensá que te pués i con otro, so puta. Tú pa mí y pa to lo que yo quiera, que pa eso eres pa mí.
Ella temblaba. A él le gustaba que temblara.
- Tiembla puta. Y que no se te olvíe, er respeto é lo má importante. Er respeto.
Una vez, nada más una vez, ella se atrevió a contestarle. Por eso a ella le faltaba el colmillo derecho. Por eso y por estúpida.
Él era un hombre paciente. Y ponía mucho interés en que se llevaran bien. Pero, es que ella era una inútil. Había tenido la mala suerte de casarse con la mas inutil del barrio. Ni siquiera sabía hacer la comida y mantenerla caliente hasta que él llegara del bar. Él se lo explicaba con buenas palabras. Pero ella no lo entendía, y volvía a hacerlo igual. En esos momentos, él pensaba que necesitaba que se lo explicase de otra manera.
- A vé si asín lo entiendes, inúti. Que ere una inuti. En qué estaría pensando yo ar casarme contigo.
Y ella se había ido.
- Cornuo, está con er cupones, la ví aye ar pasá por er puesto. Dice que é un buen hombre, que pa ella é mejó un medio hombre que un cabrón entero. Porque der cupones, se dice que ni é hombre ni ná, tu ya me entiende. Que lo der accidente se llevó la hombría, y ahora na má vale pa está en su silla y pa vendé cupone. Pero, oye, preguntalé a “tu mujé”, que, lo mismo me he enterao mal, y si es hombre y to.
El cornudo notó cómo se le nublaba la vista. La rabia es roja. O lo es la sangre. Él veía rojo.
Se fue para casa del cupones.
- Mujé, sá, que tengo que darte un recao.
- Yo no tengo na que hablá contigo.
- O sale o me mato aquí mismo.
- A que no hay huevos.
El cornudo sacó la faca y se la clavó en el pecho. A ella. La rabia y la sangre tienen el mismo color, pensó. Y huelen igual.

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La tía Manuela

>>  sábado, 8 de agosto de 2009


La tía manuela siempre nos da caramelos.
Yo la quiero mucho.
Dice mi madre que tuvo un novio. Eso sería antes de no mirar hacia ninguna parte, porque la tía manuela mira sin ver.
La tía manuela cuidó de su papá. Yo no conocí a su papá. También de su mamá. Cuando eres niño, la mayoría de las cosas importantes pasan antes de que nacieras tú. Y no tienes más remedio que creerte lo que te cuentan.
Así que, sus papás se murieron. Esto sí debe ser verdad, porque yo nunca vi de sus papás más que algunas fotos amarillas que tenía en un marco de plata en el pasillo de su casa.
La tía manuela, a partir de entonces, y esto sí que lo vi, vivía sola con su hermano, que era el señor gordo que nos miraba como al perro de otro, cuando íbamos a su casa a ver a la tía. A darle besos y a pedirle caramelos.
Ella siempre nos abrazaba. Siempre lloraba cuando nos abrazaba. No sabíamos porqué lloraba. Yo pensaba que, quizás, estuviera triste por no tener mamá. O por no tener papá. Un día le pregunté porqué lloraba. Me dijo: “me gustaría tener una hija como tú”.
Le pregunté a mi mamá porqué la tía manuela no tenía hijos. No se casó, me dijo. Y porqué no se casa ahora, mamá? A lo mejor, dije, antes ella no tenía tantas ganas de tener niños como ahora. Ahora ya es tarde, cariño.
Yo creo que la tía manuela perdió la mirada el día en que se dio cuenta de que no tendría niños. Creo que ese día compro caramelos para todos los demás días. Creo que, desde entonces, se lavaba la pena cada mañana y salía a la calle dar besos y dulces. Y todas las tardes, a la vuelta, notaba triste, que la pena volvía con ella.
La tía manuela salía todos los días a hacer la compra. Iba con su bata de casa, con su bolsa de red, con sus zapatillas de esparto.
Un día, cuando iba al mercado con las vecinas, la tía manuela vomitó blanco. Manuela, hija, qué has comido, que el vómito derrite tus medias.
Lejía, dijo manuela. Estas loca, mujer, le dijeron las vecinas. Loca y sola, dijo ella.



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La emergencia

>>  miércoles, 5 de agosto de 2009


Estamos en la era de las nuevas tecnologías. De internet, de la tdt, de los sms.

SMS 1:“Cielo, tengo una emergencia sexual. Cómo lo llevas si quedamos esta tarde?”
SMS 2:“Esta tarde estoy muy liada, lo siento. Mejor mañana por la tarde, vale?. Besos, cariño.”

Joder. Bueno, si es mañana, dejemos aparcada la paja que iba a hacerme, que luego me pilla cansada, y pensemos en, por ejemplo, María Teresa Campos. Sí, creo que se me va pasando.

Centrémonos. Tengo que afeitarme el pubis. Pues a ver cómo lo hago, que, la última vez, lo hice al bulto, y me llené de cortes. Las axilas. Cómo estan las sábanas? Limpias. Vale. Mierda!. Lo que cuesta concentrarse en esto de los prolegómenos mientras pienso en María Teresa Campos. Quizás fuera mejor pensar en Carmen de Mairena. No. Excesivo. Se me pasan las ganas para toda la vida.

…….

Me ducho, me pongo el perfume que le gusta, me visto sexi, y me voy a trabajar. Sé que no me concentraré en el trabajo. Esto debe ser un subidón hormonal. A ver si he comido algo que me ha sentado mal… A mí me da que más bien me ha faltado por comer algo que me iba a sentar muy bien. Uf, ya María Teresa Campos no me hace ni efecto. A ver cómo pasa el día…

SMS 3:”Cariño, se me ha liado el trabajo. No nos vamos a poder ver. Lo siento. Muchos besos.”
SMS 4: “No pasa nada cielo. En otro momento será. Besos.”

MIERRRRRRDA!!!!!!! Ya, ante todo educación. Elegancia. Respeto. Formas. MIERRRRRRDA!!!!!!!

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Mujer

>>  lunes, 3 de agosto de 2009

Mujer de negocios.
Mujer de éxito.
Mujer libre.
Mujer culta.
Mujer inteligente.
Mujer independiente.
Mujer capaz.
Mujer autosuficiente.

Mujer de familia.
Mujer madre.
Mujer amiga.
Mujer amante.
Mujer sensata.
Mujer fuerte.



Mujer serena.
Mujer atractiva.
Mujer sexi.
Mujer dulce.
Mujer hermosa.



Cuando se apagan las luces y no tiene que ser nada para nadie, ni siquiera para ella misma, descubre que el silencio grita, y, lo peor, que le grita a ella.
En esos momentos, piensa en cada una de las cosas que es, o quiso ser, porque es una mujer afortunada y son las mismas las unas y las otras, y piensa porqué, a pesar de todo, no ha conseguido ser Mujer Feliz.

Besos, queridos fantasmas.

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El abuelo

>>  domingo, 2 de agosto de 2009


- Mamá, hay que ver cómo está esta calle.
- Sí, es el señor de la casa que acabamos de pasar.
- Cómo el señor? La calle está llena de agujeros en el asfalto. Unos 12 agujeros de un metro de diámetro cada uno aprox. Qué pasa con el señor? Testea petardos? Pertenece a una guerrilla y hacen las prácticas en la calle? Vende asfalto y la crisis le agobia?
- Es que, hace unos meses, un coche casi atropella a su nieta.
- Y?
- Pues, protestó al ayuntamiento para que arreglase la calle y la hiciese más segura pero no le hicieron caso. Sólo arreglaron los baches, y así, según decía él, empeoraba todavía más la situación, porque los cohes iban más rápido. Creo que quería un semáforo.
- O sea que…
- Se compró un martillo neumático y, cada vez que el ayuntamiento arregla la calle, el sale por la noche y hace los agujeros de nuevo. Dice que, a su nieta, no la asustan más.
- Y eso se puede hacer? Vamos, que, si todo el mundo sabe lo que pasa, porqué lo permite el ayuntamiento?
- Nadie ha podido probarlo. Se han cansado de arreglarla. Salía caro. Es una carretera secundaria. Y, lo más importante, a nadie le debe importar una mierda cómo esté la calle.

Lo más coherente que se me ocurre es enterarme de cuándo la vuelven a arreglar y grabar al viejo y colgarlo en youtube. Lo peta fijo.


Besos, queridos fantasmas.

Nota: Os aseguro que el viejo terrorista del martillo neumático existe de verdad.

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Algo para compartir

Te dormiste sobre mi.

Sólo el murmullo de tu respiración te recordaba, porque el sueño se vive sola y tiene su propia música. Hecha de sábanas y susurros. De algunas palabras y de muchos silencios.

No soñé contigo, porque yo sueño contigo cuando estoy sin ti.

No sé con quién soñaste tú, posiblemente a kilómetros de distancia, posiblemente, a algunos cuerpos de distancia.



No me dormí sobre ti.

Pude atraparte justo en el momento en que, como estela del cometa, pasabas frente a mí. Y como estela seguiste tu camino. Y el atraparte fue solo intentar coger el arcoíris con las manos.

Probablemente, sólo te tendré esta noche. Crees que duermo. El tuyo es el único sueño del que disfrutaremos esta noche. Tú durmiéndolo, yo velándolo.

Y no te contaré, mi querido cometa, que, justo este, fue el deseo que, al verte, pedí.





Besos, queridos fantasmas

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