El principio de una gran amistad

>>  sábado, 15 de agosto de 2009


Me fui a comer con los compañeros de trabajo. Entre ellos, Rafa, uno de los gestores de negocio de la multinacional donde trabajo. O sea, un jefe gordo. También por kilos, Rafa debe pesar unos 150.

Una foto: Yo, vestido de verano verde botella, entallado, sin ropa interior, y unos aguja negros que me encantan. Él, camisa de verano a rayas, y traje de chaqueta. Iban algunos compañeros más, pero esos no salen en la foto.

Apenas conocía a Rafa hasta ese día. Jefe con fama de ogro. Joven, pero ya sobradamente estresado.

Me dejé llevar a un bar donde no había ido nunca. Nada más entrar, me disculpo: voy al baño.

Hasta ahí, normal.

Andaba yo en el baño y en la inopia, porque yo no sabía que el baño era mixto, tampoco sabía que el pestillo no funcionaba y que había que usar el otro, y… entró Rafa.

Una foto: Una mujer de perfil, desnuda totalmente de cintura para abajo, subida a unos tacones de aguja exquisitos, y tocándose el sexo (totalmente depilado, por supuesto).

Rafa, muy caballero, me miró a los ojos (eso es autocontrol, chicos, yo no hubiera sido capaz si hubiera estado en su lugar), me pidió perdón y salió.

Yo, me quedé parada. Muerta de risa, sí, porque, digo yo, que eso nada más pasa en los sketchs y a mí. Claro, que, una tiene una mente práctica, y en segundos analicé la situación:

Solución primera: Bajarme el vestido, poner cara de aquí no ha pasado nada, y llevarme el secreto a la tumba.
Solución segunda: Bajarme el vestido, poner cara de esto nada más me pasa a mí, y disculparme por dejar la puerta abierta.

Cualquiera que fuera la elegida, estaba claro que, primero, me tenía que bajar el vestido.
Así que, procedí, y salí, a ver cómo lo había tomado Rafa, y así elegir solución.

Me sonrió cuando salí. Estaba en el baño esperando. Un tío maduro, cualquier otro se habría puesto rojo y habría vuelto a la mesa disimulando como si nada. Me decidí por la solución segunda. Le devolví la sonrisa y me fui a la mesa.

Cuando regresó del baño él, intercambiamos una mirada de complicidad. Sonreí de nuevo y me disculpé. Me dijo que no tenía importancia. Todos preguntaron qué pasó. Nada, un pequeño equívoco, dijo él. Sí, todo un caballero. Y un amigo, desde ese día.

Besos, queridos fantasmas.

6 comentarios :

LaEsperada 15 de agosto de 2009, 6:39  

Ups!
Si es que cualquier sitio es bueno para hacer amigos...
:D

nana 15 de agosto de 2009, 18:04  

es una situacion en la que mucha gente se ruborizaria...

yo depende con quien me pasara tambien lo haria jeje.

besitos guapa!

Eowáthiel 15 de agosto de 2009, 19:44  

Yo habría muerto ahí mismo. O a lo mejor no. Supongo que, al igual que dice Nana, depende con quién me pasara.
De todas formas, normal que Rafa sonriese, parece que ibas muy sexy.

Besitos!

Candela 15 de agosto de 2009, 22:06  

Esperada: Totalmente de acuerdo ;-)

Nana, Eo: Veréis, para morirse de verguenza, es necesario tener alguna. Que no es mi caso. Tiene sus ventajas, porque, como no tengo inhibiciones, no necesito deshinibirme. La lotería de la genética, debe ser.

Besos, chicas.

Eowáthiel 15 de agosto de 2009, 22:44  

Eso es genial, Candela. Yo de mayor también quiero ser más deshinibida :P

Javier 16 de agosto de 2009, 1:29  

Es que extraña porque ya quedamos pocos caballeros.
Aunque "viendo" la foto yo... nunca lo sabrás (ni yo mismo).

Un beso

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