Letras en el Sahara, nace en la red y desemboca en el desierto
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Las vidas de Ángela (2)

>>  viernes, 25 de junio de 2010



- Qué te parece el vestido?
- Cuál?
- Ángela, por favor, habías venido a echarme una mano, no?
- Sí. Perdona. Tu hija está horrible. Parece un merengue.
- Tía Ángela, vete a la mierda.
- Jolines, Ángela, ese es tu concepto de echarme una mano?
- Prefieres que te mienta?. Niña, creo que eso de la mierda es pecado decirlo, y lo sé porque lo digo mucho.

Ángela había cometido el error de ofrecerse a ayudar a su amiga Julia. La niña, Aitana, una prepúber insoportable, iba a hacer la comunión.

- Y no podemos pasar de toda la parafernalia e ir al grano? Hay un convento, por aquí cerca, que venden ostias.
- Ángela, no sé si eres la persona adecuada para aconsejarme en esto de la comunión.
- Que sí, mujer, ya verás. Quedará divina.

Semiescondida, en una de las calles por las que habían paseado hasta llegar a la tienda, Ángela había visto una sex shop. Siempre tuvo curiosidad, pero no la suficiente para entrar.

Recordó la despedida de Clara:

- El próximo día, el juguete lo traes tú.
- Qué juguete?
- No tengo manías.

Debería hacer una visita a esa sex shop.

- Julia, cariño, y si de camino a casa nos paramos un momento?, tengo que hacer unas compras.
- Qué necesitas?
- Unos zapatos. He visto unos maravillosos en la tienda de la esquina. Creo que no puedo vivir sin ellos.
- La última vez que me paré contigo a comprar unos zapatos, tardaste cinco tiendas, ocho dependientes, siete “son los zapatos de mi vida”, y dos “tal y como me han tratado, aquí no compro nada”, en salir escopetada de la última, y, por supuesto, sin nada.
- Tenía la regla, y ya sabes que me pongo tensa.
- Como ahora, no?. Mira, me parece que Aitana y yo nos vamos, que la tengo que dejar en la catequesis, y tú haces tus cosas. Nos vemos esta noche, para cenar, en mí casa. Ah, pídele a Raúl que no olvide traer las pelis.

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Las vidas de Ángela

>>  miércoles, 23 de junio de 2010



- No vas a…
- Voy.
- Y si yo grito, por ejemplo?
- Prueba.

No era la primera vez que Ángela se encontraba en esa disyuntiva. Nunca, hasta ese momento, quiso probar el límite. Al menos, ese límite.

- Sabes que nos pueden oír.
- Mejor.

Clara cogió el látigo. El mismo que había puesto sobre la cama, así, como sin querer. El mismo que había atrapado ya la curiosidad de Ángela, desde el momento en que entró en la habitación.






- Me gustan los juegos.

Decía Clara en su perfil. También fue la primera frase que dijo, cuando la conoció.
Quizás otra chica hubiera empezado por “hola”. Clara tenía una curiosa forma de ahorrar palabras.

- Hasta dónde quieres llegar?

Esa fue la segunda frase de Clara.

Ángela la miró, sopesando su respuesta. Los ojos verdes de clara, le retaban. Toda ella, era un reto.

Ángela pensó en las razones por las que había querido llamar a alguien como Clara.

“Si lo que buscas es sentirte viva, llámame”.

El mensaje se completaba con un teléfono. Curioso mensaje para colgarlo de una red de contactos.
No me puedo creer que deje su teléfono, esta chica debe estar loca. Por otro lado, quizás sea un poco de locura lo que necesito para mi vida. Un poco de vida, al fin y al cabo.

- Lo dejo en tus manos.

Fue la respuesta de Ángela a la pregunta de Clara. Le gustó, pensó Ángela. Porque sus ojos sonrieron, igual que su boca. Después de todo, debe estar acostumbrada a esto, digo yo.


…..


Queridos fantasmas, he decidido escribiros un relato. A ver cómo va saliendo, vale? Un gran beso de fantasma.

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Cecil y Paz

>>  martes, 22 de junio de 2010



Conocí a Paz en una reunión de una asociación de lesbianas a la que solía ir. Hace ya muchos años de esto. No sé porqué estos días pienso en ello. Debe ser la inminencia del día del orgullo que me hace recordar.

Paz, era mujer normal. Yo diría que atractiva. Sí, a mi me gustaba. Era, seguirá siendo, educada, trabajadora, con estudios. Su sonrisa, franca, era lo que más me gustaba de ella.

Tenía una pareja desde hacía años: Cecil. Ella, Cecil, era femenina, atractiva, con una bonita melena castaña rizada. Investigadora de profesión. Discreta. Al menos así la recuerdo.

Habían vivido juntas durante años, cuando yo conocí a Paz. Ella acudió a la asociación porque se sentía atrapada. Se sentía sola. No creo que la gente que conociera en esa asociación, ni tampoco yo, consiguiéramos nada más que distraer su atención un momento. Tampoco creo que ella buscara, realmente, solucionar sus problemas. Quizás sólo buscase un respiro.

Cecil quería a Paz. Paz quería a Cecil. Era, quizás, lo que más claro tenían ambas. A partir de este hecho, todo lo demás se vuelve muy complejo.

Cecil no se consideraba lesbiana. “Eres tú, Paz”, decía, “tú eres la lesbiana”. “Yo, te quiero, es cierto, pero yo no soy lesbiana. Un día aceptaré una cita, de uno de mis compañeros del laboratorio, me liaré con él, y dejaré de vivir contigo. Somos compañeras de piso. Eso es todo”.

“Llevamos ya muchos años juntas, Cecil. Nuestra vida es estupenda. Nos queremos. Nos apoyamos. A qué tienes miedo? Por qué quieres negar lo evidente”

Me contó Paz que Cecil no tenía sexo con ella. El sexo, entre ellas, consistía en que Cecil se dejase hacer y Paz hiciera. Y después, para Cecil, venía el arrepentimiento. El llanto. La negación.

“No soy lesbiana, Paz. No lo soy”.

Paz, ni siquiera podía desnudarse delante de ella. “No, Paz, por favor. Desnuda se hace demasiado evidente que eres una mujer.” “Cecil, SOY UNA MUJER”.

Hace muchos años que perdí el contacto con Paz. Creo que se compraron un piso juntas. Creo que seguirán juntas.


Espero que la vida te haya besado en la boca, querida amiga. Querida Paz.

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La habitación en Roma

>>  jueves, 13 de mayo de 2010



Tenía muchas ganas de ver esta peli. Casi dos horas de cine con dos mujeres hermosas, en pelotas, es demasiado suculento como para pasarlo por alto.

Me sorprendió el carácter intimista del filme. De hecho, me sorprendió tanto que no me pareció realista. A ver, yo, si tengo la suerte de convencer a una pedazo de hembra, como la rusa, de que se venga conmigo a mi hotel, le hago de todo menos hablarle, si no es para cambiarla de postura.

Claro que, entonces, quizás estuviéramos hablando de otro tipo de cine.

Encontré varios detalles de realidad:

1. La forma en la que Alba seduce a la rusa. Los diálogos, muy buenos, la reacción de ambas, totalmente creíble.
2. La irrupción del recepcionista de hotel y la propuesta de unirse a la fiesta. Real como la vida misma.
3. Que la rusa le pidiera penetración con un juguete, ya que ella se siente hetero. Sí, de lo más real.
4. La sensación, que consigue perfectamente la peli, de que todo transcurre en un momento perdido del tiempo, más bien diría atemporal y por tanto eterno. No existe nada de eso, aunque a la vez, es lo más real que les ha pasado y perdurará siempre.

Los detalles que no me parecieron creíbles:

1. Pues que, como decía, demasiada charla y poco sexo.
2. Lo más increíble de todo, si una mujer nunca ha estado con otra (se supone que la rusa es novata), esa habilidad para hacer disfrutar a la otra es ciencia ficción. Todo en esta vida conlleva un aprendizaje.
3. Básico: Una mujer que no ha estado nunca con otra no se lanza a hacerle sexo oral. Y mucho menos si se piensa heterosexual. Ni de coña. Eso, si llega, será con paciencia y tiempo.

Hubiera hecho bastante mejor Julio Medem preguntando a Elena Anaya acerca de estos detallitos, que le restan credibilidad al film. Y digo a Elena porque queda totalmente claro que entiende mucho, mucho. Todo, vamos. De hecho, ya he encontrado una foto de ella con su novia en internet.

Muchos besos, queridos fantasmas.


Nota: No sé qué os pasa últimamente, chicos, pero me habláis muy poquito. Os echo de menos.

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Pedir

>>  jueves, 6 de mayo de 2010



“Busco a alguien que me dé la vida. La mía, se me ha hecho extraña, y parece que no me encaje. Como el zapato de la falsa cenicienta. Como la lengua de un país que nunca ví. Como el arcoíris que dibujase un ciego.”

Así reza tu anuncio. En contactos. No sé si te han llamado.

Pedir una vida se me hace demasiado.

Mejor, pide sexo, pareja, amistad.

Es una petición menos ambiciosa. Más pequeña.

Sólo un trocito. Un trocito de vida.

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Inocencia

>>  domingo, 7 de febrero de 2010


Aún recuerdo la primera vez.
Sentí que, de pronto, el mundo se llenaba de colores que, unos minutos antes, ni siquiera había visto.
Sentí que, todo iba a ser perfecto. Quería que todo fuera perfecto.
Descubrí mi cuerpo. Descubrí el suyo.
Desde mi ingenuidad, pensé que sólo haría falta quererse, quererse mucho. Quererse siempre.
¿Qué podía salir mal? ¿Qué haría sombra a todo aquello que acababa de descubrir?

Hubo otras veces.
Esas veces, ya sabía qué podía salir mal. Sobre todo, sabía que eso podía suceder.
También sabía que quererse no era suficiente. Que nunca fue suficiente.

Hoy, quizás sé demasiado.
Quizás, si fuera capaz de olvidar…

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La película

>>  martes, 8 de diciembre de 2009


Algunos días, me quedo mirándote mientras tú me miras.
En esos momentos, comienzo a construir un pequeño dibujo, apenas un esbozo, de lo que podría ser mi vida, de lo que podría ser la tuya.

Pongo, uno a uno, los ladrillos de mi castillo, mi castillo en el aire.
Pienso en los primeros ladrillos, los de los cimientos. Esos deben ser fuertes. Deben estar hechos de conocimiento. De cariño. De amistad.
Poco a poco, me vienen imágenes de lo no vivido. De los ratos aún no compartidos. De los paseos. De las risas. La complicidad.
Veo tus cumpleaños futuros, y los míos. Veo cuando llegues tarde a casa, y me pidas perdón con una sonrisa. Y yo, te sonría. “Amor, no pasa nada”.
Veo cuando yo tenga que salir con esas tus amigas, que sé que no me gustarán, porque, aunque no las conozca aún, siempre hay amigas de esas que no gustan. “No pasa nada amor, si tú las quieres, yo también”.

Veo cuando dejes todo desordenado, por n-ésima vez, después de explicarte que estoy cansada, que no puedo continuar con esa dinámica, y tú, después de muchas veces ya de disculparte y prometerme cambiar, no lo harás, porque las personas no cambiamos.
Veo cuando te grite, o me grites, y tú llores, o yo llore, y, en esos momentos, sintamos, tú o yo, o ambas, que, estar juntas, quizás no fue la decisión adecuada.
Veo cuando te huela a otra piel, y, entonces, no pueda evitar hacerme daño, preguntándome a mí misma qué hice mal. Qué necesitas que no te doy. Entonces, no podré evitar pensar, también, qué necesito yo, y, ciertamente, me preguntaré si tú me lo das.

Veo cuando tu cuerpo deje de ser mío para volver a ser tuyo. Cuando tu olor no provoque mi deseo, sino mi indiferencia. Cuando tus manías dejen de ser simpáticas, para ser una razón más para dejar de verte.

En ese momento, amor, es cuando pienso que estuvo bien conocerte. Que el sexo fue divertido. Que me gustan tus labios y tus besos. Que no quiero conocer a esas tus amigas que me harán daño. Que no quiero oir tus gritos, ni que tú sientas los míos. Que no quiero tener que hacerte prometer algo que sé que no cumplirás una y otra vez, y tampoco quiero caer yo en la maldición de Sísifo.
Que no quiero ser espectador de mi desamor ni del tuyo.

Sobretodo, amor, después de haberlo visto todo ya.

Como en una mala película muda.

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Algunas concesiones

>>  viernes, 23 de octubre de 2009




Algunas veces, una persona llega un poco más lejos que las demás.
Argos (el de los cien ojos) que guarda celoso las llaves de tus secretos, las olvida, algunas veces, cerca de esa persona en particular.

Las olvida?

Por lo que conozco a Argos, no creo en sus olvidos.
Creo, mas bien, que Argos sabe que es necesario que, a veces, alguien de un paso mas. La perfección de Argos, consiste en la paradoja de ser un tanto imperfecto.

Creo que esto ocurre cuando Argos duerme. Claro que, todos sabemos, Argos jamás duerme del todo.

Siempre otra boca. Siempre otro cuerpo.

Es posible que sea un flaco favor para el descubridor de tus secretos el sueño de Argos. Después de todo, es como dejarle oler un pastel que nunca se llevará a la boca.

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Tedio

>>  miércoles, 23 de septiembre de 2009



Quizás Tedio sea nombre de mujer y se enamore de mí de vez en cuando.

Debe ser, porque, algunos días, sin mediar palabra o discusión alguna, me invade una sensación como de hambre de vida, y de hastío de muerte.

Esos días, acallo las voces que me dicen triste, porque son viejas alcahuetas de grandes tetas que me dejan el cuerpo vacío por dentro, y doliente por fuera.

Esos días, aprieto los dientes para esperar que pase, porque sé seguro que pasará, ya pasó antes, antes de que todo pareciera caído, como el edificio que hubiera construido Gaudí, de tener tiempo, ganas, y estar más loco aún de lo que estaba.

Entonces, respiro. Respiro flojito, para no alertar al miedo. Cierro los ojos y finjo dormir, o me drogo con pastillas o sexo.

Espero.

Espero a que Tedio se confunda de amante.

Se vaya lejos.

Lejos.

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A partir de hoy

>>  martes, 1 de septiembre de 2009



Me casé demasiado joven.
Dicen que la vida pasa por delante de tus ojos cuando te vas a morir. Eso será cuando pasa y tú no le has pedido que pase. Hoy, he cerrado los ojos y le he cedido el turno a los recuerdos.

Otros tiempos. Otra mujer. Virgen, como manda la iglesia. Virgen, como el color de mi vestido, que yo misma me hice por no poder pagarlo. Virgen, como no podía ser de otra forma, porque si no eras virgen eras puta, y las putas no se casan.
Mis hijos vinieron porque así era la vida. Nunca pensé si quería o no hijos. Eso se piensa hoy. Quizás, si lo hubiera pensado antes, no los hubiera tenido. O no a todos. No debería siquiera pensar esto. Las madres no piensan así.
La decencia. Vivir para los demás. Obedecer. Servir. Ser una buena esposa. Una buena madre. Una buena hija.
No sé si me gusta lo que he vivido.
Si ahora, a mis 80 años, empezara de nuevo, supongo que viviría una vida distinta. Quién puede saberlo.
Sólo sé que todo lo que yo conocí acabó, y he tenido la suerte de darme cuenta.

Al abrir los ojos, veo mi cuerpo tumbado, en la playa.
He venido a una nudista.
Mi cuerpo cansado de tantas batallas está quemado por el sol y las gotas del mar brillan sobre él como las joyas que nunca tuve.
Un hombre pasa por mi lado. Me sonríe. Creo que es algo más joven que yo. Está desnudo, como yo. Creo que desea preguntarme algo.
Yo deseo preguntarle si le gustaría escuchar el resto de mi vida.
El resto de mi vida, a partir de hoy.


Besos, queridos fantasmas.

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El gran dilema del armario

>>  sábado, 29 de agosto de 2009




- Qué me pongo?
- No sé cielo, si cualquier cosa te queda bien.
- Pero, qué va a llevar la gente?
- Es una cena informal.
- Y qué significa una cena informal?
- Mira, yo voy a ir de vaqueros.
- Es que yo no quiero ir de vaqueros.
- El conjunto verde te queda muy bien, cariño.
- Me queda pequeño. No me lo puedo poner. Qué pasa, no te habías fijado en que he engordado?
- Cariño, a mí me gustas tú, como sea que estés.
- Es que no me miras.
- (suspiro de resignación) A ver, prueba con el conjunto ese de tonos tierra que te pusiste el otro día.
- No puede ser, porque fuimos con la misma gente, y no puedo repetir.
- Y ese vestido negro de verano con el que estás tan guapa?
- Cuál te gusta más el negro o el estampado?
- No sabría elegir.
- Pues alguno te tiene que gustar más, o es que te da lo mismo lo que me ponga?
- El negro, cariño, el negro.
- La última vez que salimos te hice esa misma pregunta y me dijiste que el estampado. No te tomas en serio lo que te digo. No me tomas en serio. Y yo… yo no sé qué ponermeeeee.



Justo en estos momentos, es en los que me planteo seriamente un cambio de acera. O meterme a monje budista. Claro que... si me metiera a monje budista tendría que hacerme homosexual. Los monjes tienen sexo?. Uf, que mañana más dura de planteamientos llevo.

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Trocitos de vida

>>  miércoles, 19 de agosto de 2009


Tenía todas las edades y ninguna.
Creo que por eso gustaba tanto. Por eso y por ella.

Todas las historias y ninguna. Todas las voces y ninguna.

Cercana e infranqueable. Tierna y fría al tiempo.
Te traía el mundo y se llevaba el tuyo.

Todos se acercaban a ella. Se alejaban de sí mismos. Porque su presencia te hacía menos tú, y más algo distinto, algo parecido a aquel que te hubiera gustado ser.

- Qué me recomiendas hoy? Esa trilogía que has traído, me gustará? Y algo fresco, para el verano?

Ella sonreía con la sonrisa de nadie, regalándole, a cada cuál, su trocito de vida.

Nota: Joseba, aquí tienes tu corto. Besos, queridos fantasmas.

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Juegos de niños

>>  lunes, 17 de agosto de 2009


Moda de la época, la mesa del comedor tenía un cobertor. Colores crudos, creo que eran flores. Mi abuela estaba sentada a la mesa. Comía unos pasteles. Mi abuela siempre comía pasteles.
Mis tías habían venido a vernos. Y mis primos.
- Prima, te enseño lo que tengo yo si me enseñas lo que tienes tú.
- Vale, pero tienen que venir tu hermana y los otros.
- Vale.
Éramos cinco los niños escondidos bajo la mesa del comedor.
Mi primo se bajó los pantalones.
- Y eso para qué sirve?
- Para apuntar con el pipí.
- Y si eso me parece aburrido?
- También hace muchas cosquillas si te lo tocas.
- Y si te lo toco yo también?
- Yo también tengo uno, dijo otro de los primos.
- Pues yo tengo un toto.
- A ver, es como el mío? Anda, si es igual.
- Pues a mi hermano mayor le han salido pelos.
- Pelos dónde?
- Aquí mismo.
- Tiene que estar muy feo.
- No sé, pero eso significa que ya es mayor.
- Así que los mayores lo tienen con pelos?
- Puag, qué asco (comentario generalizado).
Niños, qué andáis haciendo ahí debajo?
Hijas, sacad a los niños de ahí que andan jugando con sus cosas.
Niños, no sabéis que eso está mal? Ponéos los pantalones.
Niñas, las niñas buenas no se quitan nunca las bragas.
Anda, coméos la merienda.


Nota: Querida abuela, estarías orgullosa de mí. No me quito nunca las bragas (vale, vale, yo no uso bragas, pero no le vamos a quitar la ilusión a mi abuela, no?).

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La tía Manuela

>>  sábado, 8 de agosto de 2009


La tía manuela siempre nos da caramelos.
Yo la quiero mucho.
Dice mi madre que tuvo un novio. Eso sería antes de no mirar hacia ninguna parte, porque la tía manuela mira sin ver.
La tía manuela cuidó de su papá. Yo no conocí a su papá. También de su mamá. Cuando eres niño, la mayoría de las cosas importantes pasan antes de que nacieras tú. Y no tienes más remedio que creerte lo que te cuentan.
Así que, sus papás se murieron. Esto sí debe ser verdad, porque yo nunca vi de sus papás más que algunas fotos amarillas que tenía en un marco de plata en el pasillo de su casa.
La tía manuela, a partir de entonces, y esto sí que lo vi, vivía sola con su hermano, que era el señor gordo que nos miraba como al perro de otro, cuando íbamos a su casa a ver a la tía. A darle besos y a pedirle caramelos.
Ella siempre nos abrazaba. Siempre lloraba cuando nos abrazaba. No sabíamos porqué lloraba. Yo pensaba que, quizás, estuviera triste por no tener mamá. O por no tener papá. Un día le pregunté porqué lloraba. Me dijo: “me gustaría tener una hija como tú”.
Le pregunté a mi mamá porqué la tía manuela no tenía hijos. No se casó, me dijo. Y porqué no se casa ahora, mamá? A lo mejor, dije, antes ella no tenía tantas ganas de tener niños como ahora. Ahora ya es tarde, cariño.
Yo creo que la tía manuela perdió la mirada el día en que se dio cuenta de que no tendría niños. Creo que ese día compro caramelos para todos los demás días. Creo que, desde entonces, se lavaba la pena cada mañana y salía a la calle dar besos y dulces. Y todas las tardes, a la vuelta, notaba triste, que la pena volvía con ella.
La tía manuela salía todos los días a hacer la compra. Iba con su bata de casa, con su bolsa de red, con sus zapatillas de esparto.
Un día, cuando iba al mercado con las vecinas, la tía manuela vomitó blanco. Manuela, hija, qué has comido, que el vómito derrite tus medias.
Lejía, dijo manuela. Estas loca, mujer, le dijeron las vecinas. Loca y sola, dijo ella.



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Mujer

>>  lunes, 3 de agosto de 2009

Mujer de negocios.
Mujer de éxito.
Mujer libre.
Mujer culta.
Mujer inteligente.
Mujer independiente.
Mujer capaz.
Mujer autosuficiente.

Mujer de familia.
Mujer madre.
Mujer amiga.
Mujer amante.
Mujer sensata.
Mujer fuerte.



Mujer serena.
Mujer atractiva.
Mujer sexi.
Mujer dulce.
Mujer hermosa.



Cuando se apagan las luces y no tiene que ser nada para nadie, ni siquiera para ella misma, descubre que el silencio grita, y, lo peor, que le grita a ella.
En esos momentos, piensa en cada una de las cosas que es, o quiso ser, porque es una mujer afortunada y son las mismas las unas y las otras, y piensa porqué, a pesar de todo, no ha conseguido ser Mujer Feliz.

Besos, queridos fantasmas.

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El cristal

>>  lunes, 13 de julio de 2009



Dejó en casa un padre moribundo. Quizás no moribundo, pero sí muy enfermo. Quizás no estaba en casa, pero estaba en su vida. No tan enfermo? Lo suficientemente enfermo para necesitar cuidados. Ahora era un viejo cansado, un viejo que daba pena. Un viejo que no sabía lo que decía. Que, por no poder, no era capaz de ponerse de pie. Ni de recordar qué había comido hacía diez minutos. No digamos ya de matar a palos a alguien. Como era su costumbre. Como ella había crecido. Como, pensaba a ratos, había sobrevivido, que debe ser distinto de vivir, eso que ella hizo.
Se puso su bonito vestido de verano. Sus tacones de aguja. Su conjunto de plata para las grandes ocasiones. Su cara de autosuficiencia. Su mirada de seguridad. La había aprendido con él. Cada vez que él había destrozado su vida, ella había tenido que recomponerla. A trocitos. Como un cristal roto. Estaba tan recompuesto que ya no se podía mirar a través. Pero, eso sólo lo sabía ella.
Y los grandes hombres tomaron decisiones sobre las grandes cuestiones que tenían ese día sobre la mesa. Y ella, como siempre, sólo pensaba en sobrevivir.

Besos, queridos fantasmas.

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Trocitos de mí

>>  miércoles, 8 de julio de 2009


Hay algunos trocitos de mí que son los que os enseño.
Otros, exhibicionistas, son los que, orgullosos, se me escapan cuando hablo. Enseñan el culo asomándose entre las letras que escribo y se carcajean de mi intimidad.
Otros, los discretos, permanecen en segundo plano, no sé si por voluntad propia o persuadidos por los exhibicionistas, y convencidos en la conveniencia de su silencio pasan como de puntillas, sin que apenas nadie repare en ellos, como los besos de la costumbre.
Otros, los que no están y, aún así, yo me creo que tengo, dificilmente pueden hacer nada, pero, y estos son los mas curiosos, se empeñan en hacerse notar, y entonces me convierto en un vendedor de humo.
Luego están los que sólo ven las personas que me quieren. Estos son los que más me gustan. Más que nada, por inesperados.
Y los que ven los que no me quieren, estos, pican un poco, aunque se suele curar con un beso.
Algunos días, aún me asombra alguno nuevo, o viejo, pero recién descubierto, al que no dudo en ponerle nombre, y pedirle, por favor, que se quede.
.
.
Besos, queridos fantasmas.

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Vanesa

>>  lunes, 6 de julio de 2009



Yo era muy joven.
El mundo era ya muy viejo. De todas formas, hace ya mucho tiempo que el mundo es muy viejo.
- Cariño, cómo me ves hoy?
- Como siempre, cielo, preciosa.
Ella era Vanesa. Un travelo de la alameda. Uno de tantos.
Yo, trabajaba por aquel entonces en una sandwichería. Mi trabajo consistía en hacer y servir sandwiches y zumos a un elenco formado por: prostitutas, chaperos, proxenetas, puteros, drogatas, y fauna similar.
Posiblemente, en la mayoría de los casos, lo más sano que se llevaban al cuerpo eran los sandwiches y zumos naturales de frutas que yo les hacía.
- Cari, es que, hoy, se me ha olvidado ponerme las tetas.
- Chica, pues, porque tú lo dices, porque no te había notado nada.
- En serio? Pues mira.
Entonces Vanesa, tan natural como te enseña un grano, se levanta la camiseta, en mitad de la barra, y me enseña dos pechos de mujer, muy pequeños y muy bonitos, en medio de un torso de hombre.
- Tienes unas tetas preciosas, Vane.
- Tú crees? No sé, cari, son las hormonas, sabes? Aunque yo, cuando voy a trabajar, como ahora, me gusta ponerme relleno, a los tíos les gusta más. Pero, chica, es que he salido corriendo y se me ha pasado.
Conocía a Vanesa hacía pocos meses. No era muy habladora. A veces, venía con algún cliente. Aunque ella solía pasarse a cenar conmigo antes de empezar a trabajar.
- Es que yo soy una señora, sabes?
- Claro, cielo.
- No, lo digo en serio.
- Y yo.
- Yo, de diario, me visto con falda larga, con poco escote, discreta, sabes? a mí me gusta ir discreta. Y poco pintada. A mi novio le gusta así.
- Ah, tienes novio.
- Sí.
Tenía una bonita sonrisa Vanesa.
- Y él qué piensa de tu trabajo?
- No le gusta mucho, claro, pero, en fin, es lo que hay. Es que él no encuentra trabajo, sabes?
- Ah.
- Oye, y qué piensa tu novio de que tengas pene?
- De mi polla, no?
- Sí eso.
- Pues, verás, pensé en operarme. Pero claro, entonces, porqué iba a estar conmigo si yo le pudiera dar lo mismo que cualquier otra mujer? Yo creo que está conmigo porque yo soy distinta.
Vanesa era un travelo. De lejos y de cerca. Conocí muchos travelos. Algunos de ellos hubiera jurado por mi madre que eran tías. No era el caso de Vanesa.
- Además, cari, lo mío es por trabajo, sabes? a los tíos les pone que tenga polla. Ahí donde los ves, todos heteros y casados y con hijos, son unos cerdos. Les pone chuparme la polla o que les dé por el culo. Ya ves.


Dejé de ver a Vanesa, al igual que a todos mis conocidos del mundillo cuando dejé el trabajo. Supongo que seguirá manteniendo al novio. Supongo que ya habrá ahorrado para ponerse tetas. Supongo que seguirá teniendo polla. Y, eso lo espero, que no haya pillado algo chungo y que siga viviendo como su corazón le dicte.
Yo que la conocí, sí, es toda una señora.

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Tipos de Mujer

>>  lunes, 29 de junio de 2009


Empiezo este post disculpándome. Sí, porque creo que a los fantasmas femeninos no les va a gustar demasiado. A los fantasmas masculinos les va a encantar. En fin, si os ofendo, queridos fantasmas, no ha sido mi intención, mi intención ha sido plasmar lo que he aprendido en mi bonito periplo por la vida.

Este post pretende una clasificación de las mujeres según el tipo de relaciones sexuales que establecen. O no. Bien, vamos a ello:

Tipo 1: Puta: Esta mujer disfruta con el sexo. Es directa. Te hace creer que te va a follar. Y te folla. Y lo hace de puta madre. Y si te vuelve a ver, te volverá a follar de puta madre. Personalmente, este tipo de mujer es mi mujer ideal.

Tipo 2: Hija de Puta. Esta mujer disfruta más jodiéndote que follándote. Te hace creer que te va a follar. Te permite que la beses (un poco, sin pasarse), se te refriega como quien no quiere la cosa, queda contigo para un café y... te das cuenta de que era sólo para un café. Y vuelve a quedar contigo para un café, y tú dices, coño, de esta no pasa, pues, no, ciertamente, no pasa, además del café, te llevas un calentón mayor que el primero. Le encanta pensar que te masturbas pensando en ella. Y te dice que quiere ser tu amiga. O que esperemos un tiempo a ver que pasa… Eso, recordadlo bien, NO ES FOLLABLE. Así que, incautos fantasmas, pasad de las hijas de puta. Además de una pérdida de tiempo, el onanismo intensivo agota.

Tipo 3: Mix. Estas son las más interesantes. Unos días son putas y otros son hijas de puta. Lo divertido es que no sabes de qué humor están hoy. Y, si cuela, son muy putas, y eso es muy, pero que muy seductor. Estas enganchan. Son las más peligrosas. Y, qué voy a decir, a mí, personalmente, me encantan. Creo que me sacan mi lado maso.
.
Tipo 4: Mistica. Quizás le guste el sexo. No se tienen noticias de eso ni de lo contrario. Pero sólo con amor. O sólo con mucho amor. O sólo si se siente amada. O sólo si se lo pides de forma romántica. O sólo si no lo llamas sexo. O sólo si... Queridos fantasmas, esta es DIFICILMENTE FOLLABLE, y, a no ser que tengáis una paciencia tendente al infinito, yo me dedicaría a otra cosita, y me pondría a buscar a una puta, que es lo suyo. (Nota: Este tipo ha sido incluído a petición de Una Mas. Besos, Una Mas).

Qué pensáis al respecto, queridos fantasmas?

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Cosas que no quiero aprender

>>  martes, 23 de junio de 2009


Algunas veces la vida te da una ostia en la cara.

Habéis recibido alguna vez una ostia en la cara? Te silvan los oídos. La mandíbula cruje. Se habrá roto? Piensas. Te duele. Te duele durante días seguidos. Y el dolor te hace recordar una y otra vez. Solo que no es una pesadilla, porque las pesadillas nunca tuvieron lugar.

Y sólo queda que pase el tiempo, que se cure el dolor o que se enquiste, que se transforme en miedo, y, también es posible aprender, aunque, desgraciadamente, lo único que se aprende de esto es que: a veces, la vida, te da una ostia en la cara.

Besos, queridos fantasmas.

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