El cornuo

>>  lunes, 10 de agosto de 2009



El cornudo había decidido no hacer caso.
- A vé si er cupones va a sé má hombre que tú, Martín.
Martín fingía no oir pero la sangre le embotaba la cabeza. Los oídos le silbaban y la saliva se le hacía dificil de tragar.
Hacía una semana justa, había vuelto a su casa, y la encontró vacía.
Ni Mariela ni las niñas.
Nunca pensó que Mariela se fuera. Y menos que se llevara a las niñas. Qué iba a pensar la gente. Pensarían que era un poca sangre. Un cabronazo.
- Tú eres pa mí. No te vayas a pensá que te pués i con otro, so puta. Tú pa mí y pa to lo que yo quiera, que pa eso eres pa mí.
Ella temblaba. A él le gustaba que temblara.
- Tiembla puta. Y que no se te olvíe, er respeto é lo má importante. Er respeto.
Una vez, nada más una vez, ella se atrevió a contestarle. Por eso a ella le faltaba el colmillo derecho. Por eso y por estúpida.
Él era un hombre paciente. Y ponía mucho interés en que se llevaran bien. Pero, es que ella era una inútil. Había tenido la mala suerte de casarse con la mas inutil del barrio. Ni siquiera sabía hacer la comida y mantenerla caliente hasta que él llegara del bar. Él se lo explicaba con buenas palabras. Pero ella no lo entendía, y volvía a hacerlo igual. En esos momentos, él pensaba que necesitaba que se lo explicase de otra manera.
- A vé si asín lo entiendes, inúti. Que ere una inuti. En qué estaría pensando yo ar casarme contigo.
Y ella se había ido.
- Cornuo, está con er cupones, la ví aye ar pasá por er puesto. Dice que é un buen hombre, que pa ella é mejó un medio hombre que un cabrón entero. Porque der cupones, se dice que ni é hombre ni ná, tu ya me entiende. Que lo der accidente se llevó la hombría, y ahora na má vale pa está en su silla y pa vendé cupone. Pero, oye, preguntalé a “tu mujé”, que, lo mismo me he enterao mal, y si es hombre y to.
El cornudo notó cómo se le nublaba la vista. La rabia es roja. O lo es la sangre. Él veía rojo.
Se fue para casa del cupones.
- Mujé, sá, que tengo que darte un recao.
- Yo no tengo na que hablá contigo.
- O sale o me mato aquí mismo.
- A que no hay huevos.
El cornudo sacó la faca y se la clavó en el pecho. A ella. La rabia y la sangre tienen el mismo color, pensó. Y huelen igual.

14 comentarios :

Candela 10 de agosto de 2009, 16:43  

Ejem... para el próximo post, prometo no matar a nadie.

Besos, queridos fantasmas.

nana 10 de agosto de 2009, 16:54  

es duro pero por desgracia hay demasiado maltrato hacia las mujeres...

porque no se suicidaran ello antes? en fin...

muy buena la entrada como siempre niña!

muas muas muas

Fidji 10 de agosto de 2009, 17:46  

Que bien plasmada queda la violencia en tu post querida Candela.

"El machismo mata"

Un Abrazo

Fidji

Eowáthiel 10 de agosto de 2009, 19:48  

Pienso que eso se terminará cuando aprendamos que nadie pertenece a nadie, sino a uno mismo...Lo cual prácticamente imposible.

Un beso, Candela

Candela 10 de agosto de 2009, 20:05  

Fidji: He querido meterme en la piel de él. Una forma distinta de contar la misma historia.

Eo: Tienes razón. El aceptar la libertad de los demás es una utopía. Quizás algún dia...

Besos, queridos fantasmas.

Sarah 10 de agosto de 2009, 21:11  

Me ha gustado bastante. Te has metido bien en la piel del tipo.(La otra candela)

Joseba Morales 11 de agosto de 2009, 0:53  

"Eres mia" "te entregas a tu esposo..." "eres mi mujer" "estas conmigo" "hasta que la muerte nos separe" "lo que ha unido dios..." "tu corazon me pertenece" etc etc etc... El día que estas expresiones dejen de ser tan comunes a lo mejor conseguimos que la cosa cambie... pero mientras...

Creo que un gran paso sería eliminar de los matrimonios esas frases posesivas, donde una persona "se entrega" de por vida a otra. La libertad ante todo, de elección y acción. Estoy contigo mientras quiera, en cuanto deje de querer: sayonara. Ganatelo que yo me lo ganaré, el estar contigo aqui y ahora y, tal vez si lo consigues y yo también me lo gano, estaremos juntos mañana. Que la pérdida sea algo aceptado, leñe...
Pero bueno, supongo que hoy por hoy esto es algo utópico.

Gran relato Candela¡ plasmaste una historia que, como mínimo, da lugar a la reflexión. ¡Que no es poco!

Un abrazo¡

P.D.: ya arreglé lo de los comentarios ;)

Jose Antonio 11 de agosto de 2009, 16:14  

Como dicen en los Telediarios, ocurrió en la España profunda, lo malo es que está más en la superficie de lo que creemos.

Candela 11 de agosto de 2009, 20:19  

Joseba: Interesante tus reflexiones ;-)

Jose Antonio: La historia no sería muy distinta si fueran Borja y María Palacios. Por ejemplo.

Besos, chicos.

Candela 11 de agosto de 2009, 20:22  

Gracias, Sarah.

Lo intenté.

Javier 11 de agosto de 2009, 20:36  

No esperaba un final así.
El final clásico hubiera sido que el cornuo mata a su mujer, pero ha demostrado que era un hombre.
Actualmente, matan a la mujer y luego intentan suicidarse, por qué no lo hacen al revés siempre?

Candela 11 de agosto de 2009, 20:42  

Ejem... Javier, siento decepcionarte. Pero se la clavó a ella. Es la forma de contarlo que añade velocidad al relato y te ha perdido.
Lo hacen así porque la forma de dejar de sufrir para ellos es matarla a ella.

Besos, guapo.

Daniel 12 de agosto de 2009, 6:12  

El machismo mata. Me ha gustao er relato.
Daniel

Candela 12 de agosto de 2009, 8:44  

Besos, porteño.

Gracias por pasar por aquí.

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Mi mejor regalo, tus palabras.

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