
La primera vez que estuve con una mujer fue por amor.
La primera vez que la vi desnuda, me pareció demasiado bonita para ser verdad.
Mantuve los ojos abiertos. Muy abiertos, de hecho. Casi sin pestañear, no fuera a hacerse humo y desapareciera de la misma maravillosa manera en que había aparecido.
Ella era castaña. Muy delgada. Los ojos verdes. El pelo trasquilado. Joven. Más que yo.
Tan inexperta como yo. Con tanto deseo como yo.
Me sorprendió la suavidad de su piel. Su olor. La forma en que se le erizaba el vello cuando yo la besaba. La forma en que respondía su cuerpo a mis caricias, yo, que sentía que nunca antes había acariciado.
Yo tenía miedo. La deseaba, pero no me sentía capaz de satisfacerla. No sabía cómo empezar. No puede ser tan dificil, sexo es sexo, no? Pero no conocía a otra mujer que no fuera yo, y mi experiencia con los hombres no me iba a servir de mucho.
Cómo deseará que la toque? Quizás le de vergüenza decírmelo. Y cómo lo pregunto para que no suene mal?
Sólo pude articular un inexperto: Qué quieres que te haga?
No lo sé, fue la respuesta de ella. Tampoco yo sabía.
Se metió rápidamente en la cama. Le daba vergüenza que la viera.
Nos besamos. Nos besamos con sed. Nos besamos con hambre. Nos besamos como si fuera la única vez. La primera vez. También nos besamos con miedo, porque no sabíamos cómo continuar. Qué va después? No sé, tendría que tocarla, no? Y qué pasaría cuando le tocase el sexo? Le gustaría? Me pediría que dejara de hacerlo?
Creo que nos tocamos todo el cuerpo, no por prolongar el placer, sino por miedo a enfrentarnos a nuestro propio deseo.
Ella era tímida, y no quería que le besara el sexo. A mí no había nada que me apeteciera más en el mundo. Bajé por su cuerpo mientras la acariciaba.
Ella temblaba de deseo, como yo. No, me dijo. Sí, por favor, le respondí yo.
Yo estaba delante de su sexo. Ella estaba totalmente depilada. Yo, lo miraba. La miraba a ella, a ella entera, que se cubría la cara azorada. Imploré: Por favor, déjame verte.
Se descubrió. La miré. Pensé que no era posible que ella saliera a la calle y que la gente no se diera cuenta de que era la persona más especial del mundo. La más hermosa.
Besé su sexo con curiosidad. Suave. Con una vida de atraso, sentí, porque no me pareció bien haber estado toda una vida lejos de ella. Intenté pensar en cómo me gustaba que me lo hicieran a mí. Aunque el deseo me nublaba la razón, y me dejaba guiar por sus gemidos, buscando el camino, su camino.
Puedo? Pregunté. Pregunté antes de tocarle la vagina. No sé. Pensé que me gustaría que me preguntasen si estuviera en su lugar. Aunque, quizás, no estuviera yo para preguntas caso de estar en su lugar. Por favor, fue su respuesta. Por favor.
Entonces le introduje un dedo. Me pareció un lugar cálido y conocido. Recién descubierto y que siempre estuvo conmigo. Me pareció acogedor y dulce. Y salado. Y mío.
La acaricié y la besé. Le hablé. La amé como a mí me habían amado, siguiendo el camino que marcaba mi deseo, y el suyo.
Se corrió. Bueno ;-) eso nunca lo sabré seguro, no? A mí me pareció lo más bonito que podía pasar. Mejor, incluso, que cuando ella me amó.
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