Letras en el Sahara, nace en la red y desemboca en el desierto
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Momentos contigo

>>  viernes, 15 de enero de 2010


No.
No te separes de mí.
Que este momento sea largo. Muy largo.
Que no haya más. Nada más. Nadie más.
Que no necesite palabras. Que no necesite, siquiera, silencios.
Que la monotonía no alcance a tocar este momento.
Perfecto.
Como sólo pueden ser los momentos que no son verdad.
O los momentos, contigo.

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Si te vienes a mi cama

>>  domingo, 20 de diciembre de 2009


- A mi cama no se viene a dormir. Para dormir, mejor te quedas en tu casa.
- En mi cama se entra desnuda. No tendrás frío, de eso me encargo yo (yo, el edredón de plumas y la calefacción central).
- Los prejuicios, los miedos, los tabúes, los complejos y demás inseguridades, las dejas ahí, junto a tu ropa. Te quiero desnuda de ropa y miedos.
- A mi cama no se viene a que te hagan. Si quieres que te hagan, busca con quién, y págalo. En mi cama se comparte. Se busca el placer del otro tanto como el tuyo. Es la forma en la que se entiende la palabra disfrutar.
- En mi cama se respeta el silencio. Se habla el lenguaje del placer, que provoca gemidos en lugar de palabras. Que sólo habla las palabras del deseo.
- Si sabes qué te apetece, dilo, o tómame la cara, y muéstralo, o guíame con tu cuerpo, si te incomodan las palabras. No esperes que te adivine, aunque, no te sorpendas si lo hago.
- Si estas saciada, dilo. O muéstralo. Es difícil saber cuándo lo está una mujer si no lo dice ella misma.
- Se generosa, dame tiempo a disfrutar igual que yo haré contigo.
- Olvida lo que vendrá después. Olvida si yo soy tu infidelidad, si piensas que te has enamorado de mi, si piensas que estar conmigo, antes o después, te traerá problemas. No has venido a pensar, has venido a disfrutar.


Cuando salgas de mi cama:
- Sólo, recuérdame.


Besos, queridos fantasmas.

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Gimnasia mental

>>  martes, 8 de diciembre de 2009


Gimnasia mental, lo llamo.
Cierro los ojos.
Recuerdo.
A cada nombre, un olor. Una boca. Un cuerpo.
A cada nombre una sonrisa. Algo de lo que pudo ser y no fue. Algo más que sí fue, y que me supo a poco.
También pudo saberme a esperado. A aburrido. A tierno.
A agradable.
A hastiado.
A monotonía.
A sexo.
Siempre me supo a sexo.

Creo que, después de todo, esa es la parte del olor que despierta mi sonrisa.

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Dormida

>>  miércoles, 26 de agosto de 2009




Hoy soñe que venías.
Era un sueño como todos. Una noche como todas. Eras tú la que lo hacías diferente. Tú.
Nos escondimos y yo te besaba. No sé porqué nos escondimos en el sueño. Tampoco me importó. Tú, eras mi regalo.
Aún tengo marcadas las sábanas en mi rostro, aún me marca tu sabor en mi boca.
Tú te arqueaste. Quedaste sobre mis brazos como dormida. Yo te miré. Te abrí la camisa, que olía a ti, como mi sueño, como, algunos días, huelen los retazos de mi vida que elijo yo.
Te besé tu pecho, que sabía a sueño. Tú ronroneabas. Yo luchaba por vencer mi sueño. Ese, que me había llevado a ti, ese, que podía separarte. Separarnos.
Hundí mi cabeza en tu vientre. Me gusta que me acaricies el pelo mientras yo me quedo dormida sobre ti. Me gusta la inminencia de tu sexo, tan cerca y tan lejos, y el sabor de tu piel.
Creo que me dormí dentro de mi sueño. Que me dormí sobre ti.
Al abrir los ojos, una pequeña lágrima corría por mi rostro. La probé. Sabía a ti.

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Vuelve

>>  lunes, 24 de agosto de 2009


Eras la mujer más bonita que había visto.
Pelo muy corto. Morena. De inmensos ojos almendrados. Llevabas unos vaqueros que marcaban cada una de tus curvas. Una camisa anudada bajo tu pecho. Tenías calor. Aún antes de verme. Sobre tu vientre terso, las gotas de sudor resbalaban marcando el camino que seguían mis ojos. Y mi deseo.
Me miraste provocadora. El local estaba lleno de gente. Tú pasabas por mi lado, con ella, que debía ser tu pareja, de la mano. En primer lugar pasó ella. Tú te demoraste apenas unos segundos. Me clavaste la mirada. Entreabriste tus labios.
A mí me recorrió un escalofrío. Acerqué mi mano a la tuya. A la que quedaba libre. Te acaricié apenas un segundo. Tú agarraste mi mano. Tiraste de mi brazo. Aprovechaste el tumulto. Ella no te veía. Había demasiada gente. Te acercaste a mi oído. Ahora vuelvo, dijiste. Ven, respondí yo.
Yo te seguí con la mirada. La mirada de tu pareja estaba clavada en mí. Te dijo algo al oído. Le respondiste algo que no pude oir. Ella retiró su mirada de mí con desconfianza. Tú me giñaste un ojo. Ahora, pude leer en tus hermosos labios.
Yo bailaba dejándome llevar por la música. No te veía. Vendrá, pensaba, vendrá, sentía.
Yo tenía los ojos cerrados. Tu culo se pegó al mío como una segunda piel. Estabas detrás. Supe que eras tú. Ahora, habías dicho.
Tu pareja estaba delante tuya. Tu pareja y tú os besábais. Ella no dejaba espacio entre ambas. Quizás te conocía demasiado. O demasiado poco.
Tú bailabas con ella. Había demasiada gente. Ella se dio la vuelta. Ahora, me quedaba de espaldas, justo delante tuya. No podía verme. Yo me acerqué a tu cuello. Te mordí. Tú, te estremeciste. Pegué mi cuerpo al tuyo, y sentí cada uno de tus temblores. Me separé para verte mejor. Tú, buscaste mi cuerpo, a la vez que tocabas el de ella.
No sé si ella lo supo. No sé si ella te conocía demasiado, o demasiado poco. Ella te agarró de la mano y te llevó.
Vuelve, pedí con un susurro. Volveré.

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Tu momento

>>  miércoles, 22 de julio de 2009


Yo, te lamía, te mordía, te gozaba, te tocaba, pero, sobretodo, te miraba.

Tu, te arqueabas, temblabas, murmurabas, me gozabas, pero, sobretodo, te dejabas mirar.

Y yo, memorizaba cada curva de tu cara, cada matiz de tu mirada, cada gesto de tu boca.

Y tú, me regalabas, tu momento.

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Sensualidad

>>  viernes, 17 de julio de 2009


Me quedé quieta. Se oía mi respiración entrecortada en mitad del silencio. Apenas unos instantes antes, yo me estremecía y me enroscaba sobre tu cuerpo, y tú me acariciabas. Creo que me hablabas. Yo te oía como oyen los niños pequeños y los perros, sin entender tus palabras, pero entendiéndote a ti. Estoy hecha para esto, te dije. Sin duda, me respondiste. Y sigo pensando que tenías razón.

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Una vez

>>  miércoles, 8 de julio de 2009



Una vez te quise.
Cómo saber si te quería o sólo quería quererte? No me importó entonces, ni me importa hoy, que aún te quiero.
Una vez te fuiste.
Te fuiste antes incluso de quedarte. Creo recordar que aún no había terminado de pronunciar tu "te quiero".
Una vez me quisiste.
O quizás sólo quise pensar que me querías. No me importó entonces, ni me importa hoy, amor, que aún te quiero.


A tí, que me llamabas Benedetti.


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Un cuento

>>  jueves, 2 de julio de 2009


- Cierra los ojos.

Entonces me besaste los párpados. Y me acariciaste el pelo.
Yo pensé que era pequeña. Y me acurruqué en tu regazo. Mientras tú me cantabas, suave, y esperabas mi sueño.

- No, no quiero dormir. Sé que mi sueño me dejará sola. Y no quiero estar sola de ti.

Entonces me prometiste acariciarme toda la noche, toda la vida, dijiste, y los dos sabíamos que mentías.

- Creo que te equivocas.
- Por supuesto, dijiste, no puedo más que estar equivocado si te dejo.
- Porqué lo haces, entonces.
- Porque tú y yo sabemos que es lo mejor, amor.
- Yo no sé eso. Yo nunca podría saber eso.

Entonces me tomaste la cara entre tus manos. Entre las manos que me han amado tanto. Me acercaste a ti y me besaste.

- Te voy a querer siempre.

Y entonces lloraste. Yo besé tus lágrimas y pensé que sería el último sabor que tendría de ti.

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Mis sábanas

>>  viernes, 26 de junio de 2009


Mis sábanas, esta mañana, huelen a lavanda, a limon, a limpio y a espera.

Mis sábanas me conocen bien. Alguna vez han olido a miedo. Han conocido el áspero olor de la soledad. También han reído conmigo, porque la risa huele a sol y a esperanza, y han olido a ti que reías conmigo, porque la risa huele mejor compartida.

Olieron a ti, y también a ti, y también a mí, y entonces, al cerrar los ojos, era como si tú, y también tú me murmuráseis en sueños porque la vigilia no da para confidencias, y la noche y la desnudez invitan al arrullo.

Otras veces olieron a sexo, entonces no las mudé, como mandan las buenas costumbres, porque a mí las costumbres que me gustan son las que me conmueven, y nada me conmueve más que oler tu sexo, mezclado con el mío, y revivir el momento en que jugábamos a hacerlos uno.

También olieron a libertad, que suele ser el olor que me abraza, porque me gusta que me acaricie y me haga sentir viva, viva dentro del sueño, viva justo cuando el sueño se hace dueño de mí, y me abandono a él como me abandono a ti, porqué también tus caricias me recuerdan que existo.

Y alargo el momento entre el sueño y la vigilia, para olerte, para olerme, para que poco a poco la realidad vaya quedando lejos, y, solo queden, mis sábanas, su olor, y yo.


Besos, queridos fantasmas.

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