Adios, Mayte, adios.

>>  domingo, 24 de octubre de 2010




Me ha sorprendido mucho la decisión de que mi María Teresa Fernández de la Vega deje de ser nuestra vicepresidenta.

Lo más llamativo de ella: sus pocas carnes, su mucha pluma, su gran fuerza. Hasta aquí la parte seria. Ahora, hablemos de lo interesante: su pelo.

Desde que la vi por primera vez, lo supe. María Teresa era de esos niños a los que su madre los viste divinos, con su traje de bautismar, y, ellos, tercos, se empeñan en tener los pelos tiesos. Ni siquiera el agua bendita, consigue aplacar ese desaguisado.

Cuando empezamos a verla como vicepresi, pensamos todos (supongo, porque yo lo pensé), que ese pelo a lo bollo era porque era bollo. Una conclusión demasiado apresurada, quizás.

De unos años para acá, María Teresa nos ha demostrado a todos que, no es que no sea bollo, sino que, su peinado respondía, más bien, a una necesidad de tener en la cabeza el menos pelo posible. Por lo ingobernable. Curioso que, tratándose de ella, haya algo que se escape a su control.

Y digo de unos años para acá, porque, un buen día, la vimos dejándose algo parecido a una media melenita. Parecido, digo. Porque eran más bien un montón de pelos tiesos, más tiesos en la parte izquierda de la cabeza que en la derecha (curioso también, no?).

El karma de cada uno, debe ser.

Te extrañaremos todos, querida Mayte.




Muchos besos a todos, queridos fantasmas.

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La primera vez

>>  martes, 19 de octubre de 2010




-Buenas.
-Buenas.
-Siéntate aquí y quítate los zapatos.

Aquí era un sillón tipo dentista. De cuero blanco. Él se sentaba en una silla, a mis pies.

- Porqué me tengo que quitar los zapatos?
- Esto es una clínica podológica.
- Sí, ya. Pero yo he venido a que me hagan acupuntura.
- La enfermedad es un concepto global. No tienes mal el hombro. Hay algo en tu cuerpo que no funciona correctamente, puede ser un transtorno psicoafectivo, y, eso, que se refleje en tu hombro. De hecho, el pié da mucha información acerca del estado general de salud de una persona: en el empeine está la columna vertebral, el arco cervical está donde comienzan las falanges,…
- Es que, a mí, lo de las teorías asociadas me da igual. Sólo creo en los resultados. Además, no he venido a que me toquen los pies. Y, duele bastante eso que me estás haciendo.
- Ya verás, es estupendo para el dolor de hombro masajear el comienzo de la falange del dedo meñique.
- En primer lugar, a mi no me duele el hombro. No me ha dolido nunca.
- …
- Creo que no nos entendemos. Voy a comenzar de nuevo. Ponte los zapatos, siéntate aquí (esta vez una silla, con una mesa en medio, con otra silla en el otro lado para él, bastante mejor). Cuéntame: Qué te duele?

Un par de reflexiones:
- Si eres fetichista de pies, estudias podología. Si eres salido, en general, estudias ginecología.
- House, ha hecho mucho daño a la medicina en general, a la podología en particular.


Muchos besos, queridos fantasmas.

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Ascenso

>>  domingo, 10 de octubre de 2010




Me han ascendido. De calle. En la piscina, claro.

Empecé hace un mes, en la calle de los abuelos artríticos. Hay que ver cuántos abuelos artríticos van a nadar a la piscina. Da un poco de miedo. En mi ignorancia, cuando empecé, esperaba que, al chocarme descuidadamente con alguien, ese alguien pudiera ser una guapa sirena tipo nadadora de sincronizada, que son muy monas.

Tal y como están las cosas, pensé que mejor no me chocaba con nadie, que lo mismo me llevaba la dentadura postiza enganchada en el bañador.

Me di prisa en nadar, mucha prisa, y la monitora, que era avispada, debió notar que no se me iba a romper la cadera ni nada de nada, porque hay cosas que no se contagian, doy fe, decidió mudarme a otra calle más movidita. Digo movidita de rápida, porque, de “Ay que me ha dado un tirón”, “Ay que se me ha salido el brazo”, en eso la calle de los abus se llevaba la palma.

Así que, en un par de semanas estaba yo de lo más orgullosa, había conseguido todo un mito: rebasar la barrera de la tercera edad. Bueno, no sé si cuando hablan de eso se refieren exactamente a lo mismo. Pero, a mí, me seguía pareciendo genial.

En mi nueva calle, tampoco estaba Gemma Mengual, qué le íbamos a hacer. Había un par de jóvenes, claro que, mi percepción de la juventud había quedado alterada con la experiencia de la primera calle, y pasó a ser “persona menor de 50”. Estos, en el peor de los casos, podrían intentar ligar contigo. No era tan malo, seamos objetivos, como dejarte la dentadura pegada en un descuido, aunque tampoco era mi idea de un día perfecto.

Así que “naduve”, “naduve”, esperando un milagro.

La semana pasada, mi monitora de dio la buena noticia. “Candela, pasas de calle. Creo que esta es lenta para ti.” “Gracias”, mientras sonreía yo, y sonreía menos el jovencito (de 50) que intentaba ligarme en las dos semanas que llevaba en la calle.

En mi nueva calle está Gemma. Se llama Olga. Debe tener 17. No me dio tiempo a ver si era guapa o fea. Y digo no me dio tiempo porque, aún no he sacado la mano del agua y la niña ha ido, vuelto, y pide más para no aburrirse. Yo, llego sin aliento al final de la piscina, y sólo alcanzo a decir: “no, sigue tú, que vas más rápido”. Y sigue, vaya si sigue. Creo que va dopada. Voy a chivárselo al monitor a ver si le hacen un análisis o algo. A lo mejor, realmente, no nada, sino que corre por encima de los corchos, y, los demás, como ya tenemos bastante con lo nuestro, ni lo notamos ni nada.

La odio.

Me voy a volver a la calle de los abus, donde yo era “la niña”.

Que relativo es todo en esta vida.

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