Pies

>>  jueves, 30 de julio de 2009


Se metió los pies de ella en la boca con avaricia. Lamió cada dedo. Regodeándose. Pasaba la punta de la lengua por cada uno de sus pliegues. Mordía cada pequeña yema. Su mente señalaba el camino que su lengua, obediente, seguía. Sus dientes marcaban la senda, que él reinventaba una y otra vez.

- No estoy muy segura de si me va a gustar esto, dijo.

Algunas veces, la mirada niega lo que las palabras hablan. La moral esconde lo que el placer desea. La costumbre, mezquina, corta las alas a la imaginación.

Esa noche, se fueron a la cama desnudos de ropa y miedo, de inseguridades y mentiras, de tabúes y rutina. Esa noche, probaron el camino de su propia libertad.

Y, les gustó.





Querido fantasma, qué fetichismo confiesas tú? (también valen cosillas de esas que no se las dirías a nadie... mmmm, sobretodo ;-) )

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Cansado


Se sentía cansado. 40 años no son nada, Esteban. Estás en la flor de la vida. Le decían. Se decía él.

A veces, en la calle, algún conocido le paraba. Y la familia? Bien, Mercedes está estupenda, como siempre. Y los niños? Muy grandes ya. Tienen su vida. Y el trabajo? Muy bien, trabajo en el mismo sitio. Ya van cumplirse 20 años de mi primer día en la empresa. La semana que viene.

La semana que viene.

Ella se llamaba Irene. Era una compañera de trabajo. Apenas la conocía. Era joven. Atractiva. Quizás no tan joven. Importaba eso? Ella decía que le quería. Eso sí, eso importaba. Él la quería a ella? Eso, había decidido, tampoco era de las cosas que importaban.

Importaba que iba a cumplir 40. Que llevaba 20 años en la misma empresa. Que su vida, que ya no recuerda cuándo eligió, porque él pensaba que las vidas se eligen, no era la que eligió. No podía ser esa. Tal vez cambió, y nadie le avisó de nada. Y un día se levantó y se sintió cansado. Cansado y aburrido.

Y vino Irene. Y soñó con un nuevo yo. Y le pareció que podía curarle del terrible tedio en que se había convertido la vida que, un día, sin pensarlo demasiado, escogió.


Besos, queridos fantasmas.

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Conversaciones Intimas

>>  lunes, 27 de julio de 2009


- Me gusta cómo me besa esa chica. Estaría bien quedar con ella, no?
- Sí, tiene sus virtudes. Como tú no tienes que escucharla después…
- No seas borde, a ver si va a ser mucho sacrificio hablar con ella un rato.
- Pues sí. Es tonta. Y, lo peor de las tontas es que se creen muy listas.
- Pues te haces la dormida. Y, mira, lo mismo se le ocurre besarme otra vez para despertarte.
- Va a ser que eres un egoista.
- Oye, que salimos ganando los dos.
- Sobretodo tú, que no tienes orejas.
- Ni boca. Te he explicado alguna vez lo que es la esquizofrenia?
- Cállate coño!


Besos, queridos fantasmas ;-)

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Jueves

>>  domingo, 26 de julio de 2009


- Llámalo follar.
- Lo llamaré como yo quiera. Sabes que hoy mando yo.

Me ataste a la cama. De espaldas. Así no me verás, dijiste. Podemos usar nuestro antifaz, dije yo. No. Cerrarás los ojos. Sé que lo harás. Y permanecerás así. No sabrás si soy yo. Podría ser cualquier otra, no crees?

No, no creo. Llegaste a mi vida un jueves. Me gusta mandar. A mí también, dije yo. Quieres que nos alternemos? Los jueves yo, decías mientras señalabas con tu dedo el calendario del movil. Qué puedo decir? Teniendo en cuenta que es jueves y mandas tú, sólo puedo decirte sí. Tú sonreiste. Nos vamos a llevar bien.

Siempre fue jueves. Siempre mandaste tú. O, tal vez, para mí, todos los días a partir de aquel, se llamaron jueves.

Te acercaste a mí por detrás. Tus pechos rozaban mi espalda. Tu lengua recorría mi piel. Me mordías. A veces fuerte. A veces, apenas una caricia. Llegaste a mi oído.

- Dime que me quieres, pediste.
- Te quiero.

No te miré, pero sé que sonreiste. Eso quieres. Quieres que me salte mis reglas. Que juegue a quererte. Yo, que sólo quería follarte. Sólo quería.

Tú no me ves, porque estoy de espaldas. Por eso empiezo a llorar. Sé que tú pensarás que mis sollozos son gemidos. Y yo pienso que es absurdo. Que sufro por no querer quererte. Y que me duele cada “te quiero” que te digo, cuando jugamos al amor.

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Su historia

>>  sábado, 25 de julio de 2009

Se conocían de toda la vida.
Por eso Abel se pregunta cómo no se había fijado antes en los pequeños puntitos castaños que tenían sus ojos verdes. Y en cómo brillaban cuando se emocionaban. Los ojos, y ella.
Tampoco reparó en sus manos. Cómo pudo no verlas? Eran suaves, eran dulces, eran hemosas, a veces, incluso crueles, cuando, permaneciendo a su lado, ignoraban su necesidad de la caricia.
Cómo no se fijó en lo bien que olía. Por las mañanas a romero. Por las tardes, olía como las naranjas y los limones. Olía a azahar. Y de noche? No había conseguido olerla aún de noche. A dama. Seguramente, sería una gran dama de noche.

Se conocían de toda la vida.
Cómo Cecilia no había reparado en él?
Su sonrisa. Cuando sonreía se le formaban unos hoyuelos encantadores. Y le lloraban un poco los ojos. A ella, le daba ternura esa lágrima de felicidad.
Era fuerte. Tenía unos brazos grandes. Como para levantarla a ella. Como para hundir la cara en esos días en que el mundo no parece ser un buen lugar para quedarse.

Ahora, que se habían descubierto, escribirían, entre ambos, su gran QUIZAS.



Besos, queridos fantasmas.

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Tu momento

>>  miércoles, 22 de julio de 2009


Yo, te lamía, te mordía, te gozaba, te tocaba, pero, sobretodo, te miraba.

Tu, te arqueabas, temblabas, murmurabas, me gozabas, pero, sobretodo, te dejabas mirar.

Y yo, memorizaba cada curva de tu cara, cada matiz de tu mirada, cada gesto de tu boca.

Y tú, me regalabas, tu momento.

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Subconscientazos

>>  martes, 21 de julio de 2009


Un subconscientazo es un arranque de sinceridad imprevisto e incontrolado por la persona desde la que parte. La mayoría de las veces, el que lo suelta no tiene ni idea de lo que ha dicho, y, el que lo escucha no tiene ni idea de por dónde le ha caído.

Algunos ejemplos prácticos:

Ejemplo número 1:
- Al final te vienes a la fiesta conmigo?
- De acuerdo. Me espero a que te cambies y nos vamos, vale?
- Sí (salvo por el detalle de que ya estaba vestida).

Ejemplo número 2:
- Te gusta mi amiga?
- Para ser madre de tres hijos, está bastante bien.
- (No sabía que perteneciera a un subgrupo, es que no deja una de aprender).

Ejemplo número 3:
- Quedamos el lunes entonces?
- Sí, mejor, porque el miércoles tengo viaje y no quiero ir muy cansada.
- (o piensa hacerse un 8000 o me acaba de decir que va a follar conmigo).
- Vale, el lunes entonces.
- (nota personal: cambiar las sábanas y esperar acontecimientos).

Ejemplo número 4:
- Te has corrido?
- No ha estado mal.
- (esto es como todo en la vida, prueba-error…)

Queridos fantasmas, os sentís retratados en alguno de estos subconscientazos? Podéis contarme alguno?

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La hippie

>>  domingo, 19 de julio de 2009

Llevaba unas mallas de esas sin color. Dos camisetas de tirantes superpuestas. La más visible, era negra. Completaba su atuendo unas Quetchua descubiertas. Mostraba los pies llenos de polvo. Dedos largos. Bonitas líneas. Depilada. Cuidado descuido.


Tenía muy corto el pelo de los lados de la cabeza. Parecía que se lo hubiese rapado hacía un par de meses. El pelo del resto de la cabeza era lo bastante largo para una cola de caballo que le caía hasta el cuello.

Justo en el cuello, a la izquierda, tenía un remolino. Parece que allí también se lo rapó. Y los cabellos cortos escapaban de su centro como del ojo del pequeño huracán que era su cuello. El final de su cola acariciaba justo la línea donde nacía su cabello.

Su piel, dorada, a la luz de la noche, brillaba.

Tenía un tatuaje en el hombro derecho. Algo parecido a un mundo. Algo parecido a un misterio. Algo, que me pareció como ella.

Iba con quien debía ser su marido y su hijo. Esperaban turno, como yo. Solo que yo tenía la suerte de ir detrás de ella.

Creo que ella sintió mi mirada en su cuello. Lo supongo porque no podía dejar de mirarlo. La forma en la que lo acariciaba su pelo hacía que quisiera acariciarlo yo. La forma en que su pequeño huracán rodaba, me hacía desear seguirlo con un dedo. Leve. Apenas un susurro sobre su piel. Que seguro olía a canela y a noche. Que seguro olía a capricho y a quimera.

Se volvió y me sonrió. No le devolví la sonrisa. No me gusta que la realidad rompa la burbuja del ensueño.

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Sensualidad

>>  viernes, 17 de julio de 2009


Me quedé quieta. Se oía mi respiración entrecortada en mitad del silencio. Apenas unos instantes antes, yo me estremecía y me enroscaba sobre tu cuerpo, y tú me acariciabas. Creo que me hablabas. Yo te oía como oyen los niños pequeños y los perros, sin entender tus palabras, pero entendiéndote a ti. Estoy hecha para esto, te dije. Sin duda, me respondiste. Y sigo pensando que tenías razón.

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Pereza

>>  jueves, 16 de julio de 2009


He decidido que las personas tenemos en casa demasiadas cosas redundantes.
Esta decisión ha partido de una falta de motivación total por ir a la compra, así que he concluído hacerme un plan de contingencia para cada necesidad, de forma que pueda ir satisfaciéndolas con lo que tengo en casa, en lugar de tener que hacer algo tan poco imaginativo como comprar lo adecuado en cada caso.
Sí, ya, me iba a costar menos esfuerzo hacerlo así, pero iba a ser bastante menos divertido.

Necesidad1: Se me ha acabado el suavizante para la lavadora.
Contingencia1: Antes de entrar en el significado etimológico de la palabra suavizante, le puse colonia a la lavadora, en el cajón del suavizante. Mis toallas huelen muy bien. Genial diría yo. Solo que se quedan de pié solas. Así que he decidido ponerles suavizante para el pelo mezclado con colonia. A ver que tal me va.

Necesidad2: Llenar la nevera.
Contingencia2: Esta necesidad es un tanto imperiosa. Bueno, tengo huevos. Muchos. Creo que puedo bajarme de internet todo lo que se pueda hacer con huevos. Claro que, me da a mí que todas las recetas usan otros ingredientes además de huevos. Queda algo de pan y algunas latas. Y tengo mucho arroz. No comen los chinos siempre arroz? Creo que puedo hacerme arroz a la cubana todos los días hasta que se acabe alguno de los ingredientes.

Necesidad3: Papel higiénico.
Contingencia3: Rollo de cocina? Uf, creo que esta contingencia me va a resultar un tanto áspera.

Necesidad4: Bragas. El cajón de las bragas tiene pocas. Es una duda que me ha atormentado siempre. Cómo pueden unas bragas perderse solas? Y muchas?
Contingencia4: Por suerte, esta necesidad no me precupa mucho. Quién necesita bragas?

Necesidad5: Pilas.
Contingencia5: Pilas? Qué pasa con mi vibrador? A que al final voy a tener que ir a comprar?

Queridos fantasmas, me podéis ayudar a optimizar mis recursos y mi tiempo dándome ideas originales de cómo usar algo para otra cosa distinta de para lo que ha sido concebido?
Gracias mil. Besos.

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El cristal

>>  lunes, 13 de julio de 2009



Dejó en casa un padre moribundo. Quizás no moribundo, pero sí muy enfermo. Quizás no estaba en casa, pero estaba en su vida. No tan enfermo? Lo suficientemente enfermo para necesitar cuidados. Ahora era un viejo cansado, un viejo que daba pena. Un viejo que no sabía lo que decía. Que, por no poder, no era capaz de ponerse de pie. Ni de recordar qué había comido hacía diez minutos. No digamos ya de matar a palos a alguien. Como era su costumbre. Como ella había crecido. Como, pensaba a ratos, había sobrevivido, que debe ser distinto de vivir, eso que ella hizo.
Se puso su bonito vestido de verano. Sus tacones de aguja. Su conjunto de plata para las grandes ocasiones. Su cara de autosuficiencia. Su mirada de seguridad. La había aprendido con él. Cada vez que él había destrozado su vida, ella había tenido que recomponerla. A trocitos. Como un cristal roto. Estaba tan recompuesto que ya no se podía mirar a través. Pero, eso sólo lo sabía ella.
Y los grandes hombres tomaron decisiones sobre las grandes cuestiones que tenían ese día sobre la mesa. Y ella, como siempre, sólo pensaba en sobrevivir.

Besos, queridos fantasmas.

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El curso

>>  domingo, 12 de julio de 2009


Hacía un año que no la veía.
La verdad, fuera de la cama, y sin drogas, sólo había visto esa expresión en mi amiga la monja, que siempre tiene cara de iluminada. Pero claro, es lo que tiene estar cerca de dios.

- Te veo exultante.
- Pues sí.
- Y eso?
- Estoy haciendo un curso.
- Chica, a mí los cursos, el que más, me da dolor de cabeza.
- No es de esos. Es de los que cambian tu vida.

Es un curso de conocimiento de uno mismo. Eneagramas. Teorías psicológicas super sofisticadas, o, al menos, a mí me lo parecen. Yo, de todo esto, siempre pienso que todos tenemos que comer, incluídos los psicólogos.

- Y, para contarte lo de los eneatipos y todo eso, hace falta un curso? Lo digo porque, por internet, hay mucha información. Y, bueno, hay libros.
- Que va, no te puedes fiar de internet. Además, se trata de crecimiento personal. Es necesario un seguimiento. Unas directrices. Es importante el grupo de apoyo. Cada uno de nosotros tenemos que evolucionar de nuestro eneatipo hacia otro.

El curso cuesta 3000€. Se hace en fines de semana. Se supone que estás invirtiendo en tu bienestar. No sé. A mí me parece que con un par de libros, un par de amigos, y bastante meditación, me ahorraría esa pasta, pero claro…

- Hay eneatipos mejores que otros?
- Pues no, es todo como una espiral sin fin.
- Coño, buena teoría. A ver, así, al pronto, a qué eneatipo pertenezco yo?
- Tú eres un siete.
- Pues qué bien. Y eso es bueno?
- Es el tipo del disfrute. Eres capaz de disfrutar de todo. Una persona optimista y vital. Siempre que permanezcas en el término medio.
- No me veo pagando una pasta para que me digan que soy capaz de pasarlo de puta madre. Eso ya lo sé yo.
- No es para eso. Además, es típico de tu tipo, soys individualistas y no seguís ninguna teoría. Soys autodidactas.
- Pues no sé si hemos salido ganando algo. A ver, puede tener su gracia. Lo que pasa es que no sabría cuál elegir, tenemos la clasificación de Kretschemer (aquella clásica, de tipología picnica, atlética…), la de los horóscopos, la que relaciona la personalidad de alguien con el nombre que tuvieron a bien otorgarle sus padres…
- Está claro, propio de los tipos 7. Soys unos incrédulos.
- Pos será.

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El caballero

>>  jueves, 9 de julio de 2009


Soy la persona menos romántica que conozco.

Le tengo aversión al día de los enamorados. A los corazones. A los bombones rosas. Al rosa en general. A las cajas de bombones con forma de corazón. A los ramos de rosas rojas. A los te quiero con música de fondo. A que te escriban una poesía (dios, eso, lo peor). A que además te la lean. Y después de llevar aguantado el tirón, te pregunten si te ha gustado. A las palabras de cariño absurdas: “churri”, “melocotoncito”, “ranita”…A las pelis de Meg Ryan. A las casitas de muñecas (no sé si son románticas, pero les tengo tirria igual). A las niñas con lazos (viene estando en el mismo lote que las casitas de muñecas). A las personas que pierden su nombre cuando tienen hijos y pasan a ser, el uno para el otro, papá y mamá (sí, decididamente, esto sí me suena a romántico). A la tuna. A las tiendas de novias…

Hoy, salían un señor mayor y una señora de la misma edad, de rehabilitación. Parecían tener unos 70 años, aunque mi habilidad para calcular edades es nula.
Él era pequeño. Nunca habría sido muy grande. Delgado. Casi sin pelo ya. Le pesaban los años más que otra cosa, y parecía que se hubieran subido todos a su espalda.
Ella, algo entrada en carnes. Su andar, cansino. Su mirada, en él.
Salían enlazados. Como dos novios. Como dos enamorados. Él parecía protegerla, de no sé qué imaginario dragón, porque hubiera bastado un soplo de aire para tumbar al galante caballero. Ella se sentía protegida. Y se acercaba a su caballero y acompasaban su paso. Como un baile. Como hacer el amor.

Y yo, lloré.




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Una vez

>>  miércoles, 8 de julio de 2009



Una vez te quise.
Cómo saber si te quería o sólo quería quererte? No me importó entonces, ni me importa hoy, que aún te quiero.
Una vez te fuiste.
Te fuiste antes incluso de quedarte. Creo recordar que aún no había terminado de pronunciar tu "te quiero".
Una vez me quisiste.
O quizás sólo quise pensar que me querías. No me importó entonces, ni me importa hoy, amor, que aún te quiero.


A tí, que me llamabas Benedetti.


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Trocitos de mí


Hay algunos trocitos de mí que son los que os enseño.
Otros, exhibicionistas, son los que, orgullosos, se me escapan cuando hablo. Enseñan el culo asomándose entre las letras que escribo y se carcajean de mi intimidad.
Otros, los discretos, permanecen en segundo plano, no sé si por voluntad propia o persuadidos por los exhibicionistas, y convencidos en la conveniencia de su silencio pasan como de puntillas, sin que apenas nadie repare en ellos, como los besos de la costumbre.
Otros, los que no están y, aún así, yo me creo que tengo, dificilmente pueden hacer nada, pero, y estos son los mas curiosos, se empeñan en hacerse notar, y entonces me convierto en un vendedor de humo.
Luego están los que sólo ven las personas que me quieren. Estos son los que más me gustan. Más que nada, por inesperados.
Y los que ven los que no me quieren, estos, pican un poco, aunque se suele curar con un beso.
Algunos días, aún me asombra alguno nuevo, o viejo, pero recién descubierto, al que no dudo en ponerle nombre, y pedirle, por favor, que se quede.
.
.
Besos, queridos fantasmas.

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Vanesa

>>  lunes, 6 de julio de 2009



Yo era muy joven.
El mundo era ya muy viejo. De todas formas, hace ya mucho tiempo que el mundo es muy viejo.
- Cariño, cómo me ves hoy?
- Como siempre, cielo, preciosa.
Ella era Vanesa. Un travelo de la alameda. Uno de tantos.
Yo, trabajaba por aquel entonces en una sandwichería. Mi trabajo consistía en hacer y servir sandwiches y zumos a un elenco formado por: prostitutas, chaperos, proxenetas, puteros, drogatas, y fauna similar.
Posiblemente, en la mayoría de los casos, lo más sano que se llevaban al cuerpo eran los sandwiches y zumos naturales de frutas que yo les hacía.
- Cari, es que, hoy, se me ha olvidado ponerme las tetas.
- Chica, pues, porque tú lo dices, porque no te había notado nada.
- En serio? Pues mira.
Entonces Vanesa, tan natural como te enseña un grano, se levanta la camiseta, en mitad de la barra, y me enseña dos pechos de mujer, muy pequeños y muy bonitos, en medio de un torso de hombre.
- Tienes unas tetas preciosas, Vane.
- Tú crees? No sé, cari, son las hormonas, sabes? Aunque yo, cuando voy a trabajar, como ahora, me gusta ponerme relleno, a los tíos les gusta más. Pero, chica, es que he salido corriendo y se me ha pasado.
Conocía a Vanesa hacía pocos meses. No era muy habladora. A veces, venía con algún cliente. Aunque ella solía pasarse a cenar conmigo antes de empezar a trabajar.
- Es que yo soy una señora, sabes?
- Claro, cielo.
- No, lo digo en serio.
- Y yo.
- Yo, de diario, me visto con falda larga, con poco escote, discreta, sabes? a mí me gusta ir discreta. Y poco pintada. A mi novio le gusta así.
- Ah, tienes novio.
- Sí.
Tenía una bonita sonrisa Vanesa.
- Y él qué piensa de tu trabajo?
- No le gusta mucho, claro, pero, en fin, es lo que hay. Es que él no encuentra trabajo, sabes?
- Ah.
- Oye, y qué piensa tu novio de que tengas pene?
- De mi polla, no?
- Sí eso.
- Pues, verás, pensé en operarme. Pero claro, entonces, porqué iba a estar conmigo si yo le pudiera dar lo mismo que cualquier otra mujer? Yo creo que está conmigo porque yo soy distinta.
Vanesa era un travelo. De lejos y de cerca. Conocí muchos travelos. Algunos de ellos hubiera jurado por mi madre que eran tías. No era el caso de Vanesa.
- Además, cari, lo mío es por trabajo, sabes? a los tíos les pone que tenga polla. Ahí donde los ves, todos heteros y casados y con hijos, son unos cerdos. Les pone chuparme la polla o que les dé por el culo. Ya ves.


Dejé de ver a Vanesa, al igual que a todos mis conocidos del mundillo cuando dejé el trabajo. Supongo que seguirá manteniendo al novio. Supongo que ya habrá ahorrado para ponerse tetas. Supongo que seguirá teniendo polla. Y, eso lo espero, que no haya pillado algo chungo y que siga viviendo como su corazón le dicte.
Yo que la conocí, sí, es toda una señora.

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Un cuento

>>  jueves, 2 de julio de 2009


- Cierra los ojos.

Entonces me besaste los párpados. Y me acariciaste el pelo.
Yo pensé que era pequeña. Y me acurruqué en tu regazo. Mientras tú me cantabas, suave, y esperabas mi sueño.

- No, no quiero dormir. Sé que mi sueño me dejará sola. Y no quiero estar sola de ti.

Entonces me prometiste acariciarme toda la noche, toda la vida, dijiste, y los dos sabíamos que mentías.

- Creo que te equivocas.
- Por supuesto, dijiste, no puedo más que estar equivocado si te dejo.
- Porqué lo haces, entonces.
- Porque tú y yo sabemos que es lo mejor, amor.
- Yo no sé eso. Yo nunca podría saber eso.

Entonces me tomaste la cara entre tus manos. Entre las manos que me han amado tanto. Me acercaste a ti y me besaste.

- Te voy a querer siempre.

Y entonces lloraste. Yo besé tus lágrimas y pensé que sería el último sabor que tendría de ti.

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